Opinión

ESTO PIENSO, ESTO CREO

ESTO PIENSO, ESTO CREO

Nos comportamos como el pez que trata de atrapar su cola

Porque… “El hombre es un animal necio, si juzgo por mí”.

Cuando la realidad se enmaraña por un largo tiempo, las ilusiones se disecan, se atrofian y mueren, dando lugar a la desidia, a suplantar la verdad con engaño, promoviendo que todo sea artificial, rutinario, y vulgar, llevando la vida a un verdadero caos, a la confusión y el desorden tanto en lo físico, en lo moral, al igual que en lo ético.

 Es un riesgo latente, donde lo mejor del ser humano se adultera e hibridiza, donde el néctar vigorizante de la verdad sobre el diario acontecer se convierte en una temible y terrible nebulosa, con la triste y dolorosa realidad de sentirse impotente para detener las fuerzas malévolas que convergen en el problema.

 Mientras tanto, vivimos con si fuésemos un pez que trata ansiosamente de atrapar su propia cola y nos mantenemos girando y girando sobre el problema, sin que nos decidamos a detener ese malvado movimiento que nos mantiene mareados, atrapados en una fábula que no tiene límites para la utopía.

 Creo en la vida y su evolución, sea rápida o lenta. Tengo fe en las creencias, que nos unen, siempre y cuando no hablemos de religiones, las cuales a mí triste y humilde parecer, más bien, dividen. Creer en algo, un ideal, un pensamiento, un comportamiento. Creo, porque estoy vivo y lo siento. El día que deje esta vida, no habrá ilusión ni realidad, simplemente porque dejaré de ser lo uno y lo otro.

 Mientras tanto ahora, como antes, existen personas cuyo comportamiento es alto difícil poder describir entre locuras, complejos, vaciedad, frustración o cualquier otro tipo de manifestación consciente y real. En verdad, las domina la futilidad.

 Al decir de muchos pensadores, el ser humano, en su funcionabilidad, no puede existir desvinculado de los dioses, los santos, los héroes, los genios, los políticos y los fabuladores. Precisamente, porque estos últimos, en su comportamiento, cuentan con ventajas extraordinarias, que al igual que en la literatura, les brinda la fábula, por su maleabilidad, para no sujetarse a imposición o regla alguna, que pueda limitar ambiciones, engaños y mentiras, todo para mantener en alto el estandarte de la utopía.

 Por eso, “hic et nunc”, es aquí y ahora cuando es que hay que buscar la solución a nuestros problemas estructurales que la utopía y el engaño no permiten ver el camino que conduzca a la solución. Pero, nos mantenemos en un  hipar interminable, buscando consuelo por medio de un gimoteo cobarde, sumiso y vergonzoso.

        En vano queremos seguir viendo la paja en el ojo ajeno, mientras el ladrillo entre las cejas nos deja ciegos. Debemos mirarnos en el fondo del espejo y en las profundidades cotidianas, en las noticias que nos parecen ajenas, pero que cada día sentimos asomarse más a nuestra puerta, porque ya tocan a la conciencia nacional, aunque nadie decida escuchar.

 La plasticidad a la hora de tratar con responsabilidad los graves problemas que nos atañen, nos lanzan sin misericordia a conversar a solas con la nada, mientras observamos el insustancial monólogo que nos presentan. En tanto, sufrimos este marasmo y anarquía institucional.

 Y, todo esto, porque en verdad “ver lo que tenemos delante de nuestras narices, requiere una lucha constante”. Por eso, “…este sitio está lleno/ de noches sin arte/ de abrazos vacíos/ de mundos aparte/ de hielo en los ojos/ de miedo de encontrarse/ de huecos, de rotos, de ganas de odiarse. (…) Solo es un infierno sostenido/ por el miedo a equivocarnos”. Asimismo, un lugar lleno de indolentes e irresponsables. ¡Sí señor!

El Nacional

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