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Esto pienso, esto creo

Esto pienso, esto creo

Me gustaría que sucedieran tantas cosas en este país, que ya son incontables

Desearía, quizás con cierta propiedad, llamar la atención, a nivel de urgencia, sobre la situación de seguridad ciudadana que está viviendo la República del Salvador y la de Guatemala, principalmente el primero. La situación es el resultado corrupto y cobarde de una clase política irresponsable que, con el fin de obtener votos, desde hace bastante tiempo, hizo alianzas hasta con el mismo Satanás.

No hubo selección entre gente pobre y bandoleros o, peor aún, del poder económico de los narcotraficantes, sin que, a simple vista, hayan pensado en algún momento en el bienestar o la seguridad del país.

Lo que me aterra, es que, desde hace décadas, la gran mayoría de nuestros políticos, han estado en el mismo jueguito, llegando al extremo, que hasta reconocidos narcotraficantes han sido elevados a “honorables”, a pesar de que han fallecido como lo que en realidad eran, narcos. A estas categorías, más antiguas aun, han permitido el ingreso a sus instituciones de una plaga muy parecida, -aunque menos criminal- a los narcotraficantes, pero, eso sí, con mucho dinero y nos referimos al tigueraje barrial.

Hoy, por más programas de seguridad que se han puesto en ejecución, es innegable que al bandidaje le ha sabido a nada, donde hasta llegan a formar parte de las mismas instituciones llamadas a combatirlos y todo, porque se ha ido relajando la institucionalidad de esos organismos y ya sea por temor o por sus votos, todo lo que se ha hecho para controlar esta peste, ha sido de soslayo, se le ha tenido miedo a ir a la base del problema del tigueraje.

Y no estamos hablando -como en su ocasión sucedió-, de falsas percepciones, hablamos de irresponsabilidades que crecen en la misma medida que lo hace la inseguridad. Fijémonos en el tigueraje de los pobres padres de familia del concho, donde cada uno de ellos hace lo que le viene en ganas, donde el régimen de consecuencia mayor que puede ocurrir es que les regalen otro vehículo.

Para bien o para mal, ya dejaron atrás la farsa del sindicalismo para por fin declararse como lo que en realidad son, asociaciones privadas de transporte compuestas por -algunos de ellos- celebres pandilleros y terroristas, llevando a cabo actos que atentan contra la seguridad y la paz del ciudadano común, como ese de negarse a permitir que el gobierno establezca un sistema moderno, acorde con los tiempos, porque a ellos no les interesa y por eso, la rotura de vidrios y taponamientos coercitivos sin ningún tipo de castigo, porque ahora, hasta “funcionarios y ricos empresarios- son.

Se debe hacer notar que esto no es de ahora, basta con recordar, que hasta las famosas rayas de diferentes colores para identificar sus unidades fueron dejadas al olvido y las placas públicas, que antes existían, por igual dejaron de usarlas. Por cosas tan sencillas como esas hoy vivimos en este caos, con la probabilidad, de que se ponga peor.

Miremos hacia El Salvador y no esperemos que los políticos, los funcionarios ineficientes, los jueces y fiscales corruptos o cobardes, por contubernio, miedo o intereses políticos, trunquen los esfuerzos para hacer reales los sueños de este país de poder vivir en paz, sin la manipulación de mafias o tigueres enganchados a la política, que, al fin, son los principales culpables y responsables de la indefensión en la cual estamos sobreviviendo. Por demás, no estaría de más, recordarles a las autoridades correspondientes, aquel viejo adagio que aprendí hace mucho tiempo: “Quien se hace el bueno, deja de serlo por no ser sincero”. ¡Sí señor!.

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira
rafaelelpiloto1@hotmail.com

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