Opinión

¿Estudiado simulacro?

¿Estudiado simulacro?

En mi infancia, un vecino desarrolló en mí una singular fascinación por La Lupe. Aquella cubana cantaba con el alma. Una gran parte de los inquilinos del edificio donde residía enloquecían con el tradicional LP con letras en el corazón: “… y hoy que me lloras de pena/ recuerdo tu simulacro… El título nunca lo olvidaré, la canción es Teatro.

 La Lupe asalta mi mente cuando observo el panorama de mi partido y los intentos por construir una “unidad” en el tramo final de las elecciones municipales y congresuales. El observador sensato llegará a la conclusión de que es indispensable armonizar  respecto de la necesidad de obtener resultados favorables el próximo 16 de mayo. Ahora bien, el problema es que en la presidencia del partido se aposenta una mentalidad de reducida vocación democrática, que pretende apelar a la unidad sobre la base de colocar a todos alrededor de su criterio sin entender que el PRD es exitoso cuando la diversidad es orientada en una dirección, sin renunciar a la naturaleza democrática de la organización.

 El problema esencial del PRD no se resuelve con posturas falsas,  sino con el auténtico respeto por los sectores disidentes, que poseen una carga crítica contra el gobierno y estamos preocupados por el silencio cómplice de un sector de la dirección  que actúa con una extraña complicidad en un país que se cae a pedazos y el ejercicio opositor perredeista no parece interpretar los reclamos ciudadanos.

 Convencidos de que una parte de la población  hace especiales interpretaciones por la pasividad del PRD, se acaba de publicar un documento crítico a la administración del PLD. ¡Cuánto se tardó! No obstante la validez de los argumentos, se tiene la sensación de que  la presidencia del partido  busca la compañía de un segmento del liderazgo interno porque no se atreve a decir de manera individual las críticas merecidas frente a los escándalos que sacuden la sociedad. 

 Los esquemas light que seducen al sector que coyunturalmente ¿dirige? al PRD han obligado a un cambio en sus posturas como resultado del divorcio entre la naturaleza partidaria y las peculiaridades del clan conservador que orienta las actuaciones del “nuevo PRD”. Siento que esa transformación es transitoria. Los nuevos amos no se sienten cómodos al asociar sus criterios de  operatividad  con los reclamos sociales que  deben ser asumidos por el partido.

 Una parte importante de la población se siente desprotegida frente a la torpeza revestida de actuación partidaria. Y lo grave es que el PLD siente terreno fértil cuando sabe las “debilidade$” de los llamados a ejercer una oposición firme y vigorosa. Por eso, la canción de La Lupe toma vigencia en tiempos de tanto teatro.

El Nacional

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