Con el exitoso intercambio de deuda logrado por Grecia con los tenedores privados de sus bonos, efectivamente recortando 25% de su deuda actual en relación a su PIB para el 2020, la crisis de deuda soberana en Europa parece haber sobrepasado su punto más crítico. Lamentablemente, a pesar de que las crisis son fuente de invaluables lecciones para mejorar y evitar repetir errores, puede que para Europa esta haya sido una oportunidad perdida.
En el 2003, la crisis resultante del fraude corporativo de BANINTER probó ser tan funesta que incluso un país crónicamente resistente a reformarse como lo es República Dominicana, hizo cambios en sus instituciones y mecanismos de supervisión monetaria y financiera. La lección fue aprendida, y es razonable esperar que una crisis bancaria por fraudes administrativos de la magnitud de aquel caso, no se registrará en nuestro país en el corto o mediano plazo.
Europa no parece haber corrido similar suerte. A pesar de que una recesión leve en la zona euro seguida por un rápido repunte luce probable, de que algunos países han iniciado reformas internas importantes y a nivel regional se han implementado nuevos acuerdos de disciplina fiscal y fondos de emergencia, la realidad es que no mucho ha cambiado.
La mayoría de las reformas laborales y recortes en el gasto público no han empezado, los países cuyos déficits excedían el 3% de su PIB como Grecia, España y Portugal ya dan muestras de arrastrar los pies para alcanzar el objetivo para el 2013 como se había pactado en la Unión Europea, y la voluntad política para continuar con las impopulares medidas de ajustar sus sistemas sociales insostenibles empieza a flaquear a medida que elecciones importantes se acercan para muchos países.
Con tenedores de bonos asumiendo pérdidas, y los bancos europeos clavados con $1 billón de euros en préstamos excesivamente generosos del Banco Central Europeo, los mercados finalmente lucen calmados y las únicas cosas que parece haber aprendido Europa de su crisis son: los inversionistas privados aceptarán pérdidas enormes si se les infunde suficiente miedo sobre una cesación de pagos; aún si te endeudas al punto que el mercado de bonos soberanos te desecha, es probable que obtengas financiamiento más barato de lo que jamás te otorgaron los privados desde la misma Unión Europea, a cambio de moderadas concesiones. No importa la gravedad de la indisciplina fiscal, es probable que los países más estables y con dinero te expidan un cheque en blanco con pocas condiciones para evitar la caída.
La belleza del capitalismo reside en su flexibilidad para permitir las crisis y admitir ajustes. De cada calamidad económica se obtienen lecciones para gobiernos, empresas e individuos. En Europa, sin embargo, tengo serias reservas de que se haya aprendido lo suficiente para evitar revivir esto, con el agravante de que en el futuro sería peor que el armagedónico escenario que hace apenas unos días ha eludido.

