Es una línea muy delgada la que separa a los que tienen poder con los que no lo tienen, que se pierde tan rápido como le sucedió a Evo Morales. Un extraordinario líder boliviano que representó al campesino y al movimiento sindicalista, siendo el primer presidente de ascendencia aymara en ser electo democráticamente presidente de Bolivia. Se podrá estar o no de acuerdo con sus concepciones ideológicas y con sus aliados internacionales, pero nadie puede negar que Evo Morales constituyó, en su momento, un referente latinoamericano al ser electo en tres ocasiones como presidente, e impulsar novedosas reformas económicas y políticas.
Su error fue intentar reelegirse a un cuarto período, cuando la propia Constitución lo prohibía. Optó por un camino que, al final ha demostrado, lo equivocado que estaba.
Su primer error fue rechazar los resultados de la consulta popular que el propio Evo había promocionado para que se le permitiese una cuarta elección, a través de una reforma constitucional. Ya para diciembre de 2018, como Evo controlaba las estructuras y los poderes del Estado, obtuvo que el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia le abriese las puertas para una cuarta reelección, a pesar de la prohibición constitucional. Esto fue el inicio de su fin.
Luego, vimos como en las elecciones del 20 de octubre, al finalizar la jornada electoral y comenzar el proceso de conteo, se produjo un apagón, se suspendió el proceso hasta veinticuatro horas después, en un proceso en el que se definiría si Evo Morales iría o no a segunda vuelta electoral, pues el mismo Tribunal Supremo Electoral declaraba ganador a Evo Morales de las elecciones. Este veredicto que se decidió cuatro días después, es decir, el 24 de octubre, marcó el fin de la era de Morales como presidente constitucional de Bolivia.
La auditoría de la Organización de Estados Americanos confirmó el fraude electoral. La revuelta popular no se hizo esperar, en una sociedad fragmentada, y las Fuerzas Armadas de Bolivia le retiraron el apoyo a Evo, provocando su salida, y su asilo político en México, desde donde ha dicho que continuará su lucha política.
Dice un consejo en política que lo importante no es como se comienza, sino como se termina. Pero, sin dudas, que el final de la época de Evo en Bolivia está vinculado directamente con su interés de permanecer en el poder, aún en contra de la Constitución. Tres períodos presidenciales, que comprendieron trece años, con altas y bajas, se esfumaron, de la noche a la mañana.
Ahora en México, Evo debería leer a Luis Spota, y su magnifica obra, “El primer día”.

