La inmigración ilegal haitiana se define como desbordante con gran afectación para la economía y el desarrollo de República Dominicana, pero ese problema no se resuelve con el mercadeo de expresiones estrambóticas como las que advierten que si tuviera Ejército Haití habría invadido el territorio nacional.
Se exagera también cuando se afirma que los haitianos no requieren de contingente militar para ocupar la porción oriental de la isla porque ya la ocuparon con la complicidad de autoridades civiles y militares.
Ese tipo de discurso rimbombante no parece contribuir a la consolidación de una justa denuncia sobre la negligencia oficial para imponer efectivo control migratorio en la frontera o su permisibilidad para permitir el ingreso masivo de indocumentados.
Haití aún no logra alcanzar la categoría de nación mínimamente organizada, cuya población padece pobreza extrema y de ausencia de institucionalidad, pero un asentamiento de diez millones de personas con el que la nación dominicana tendrá que convivir por siempre en condición de vecino, es imposible de obviar.
Como parte del debate sobre la inmigración haitiana se acoge el planteamiento de que desde grandes metrópolis se promueve una especie de conspiración para forzar a República Dominicana a acarrear la crisis haitiana, aun a expensa de su soberanía.
Lo que se interpreta como un exceso es afirmar que Haití invadiría suelo dominicano o que ya controla la geografía nacional, porque tales expresiones en nada contribuyen con el justo reclamo de que el Gobierno ejerza control migratorio.
A lo que debería aspirarse es a que la comunidad internacional cumpla con su promesa de financiar el rescate y desarrollo de Haití, un vecino que representa el segundo socio comercial de República Dominicana, pero nunca a estigmatizar las deseables buenas relaciones entre los inquilinos de la Hispaniola.
Con toda firmeza se reclama del Gobierno cumplir con su obligación de frenar el desbordamiento migratorio desde Haití, aplicar la ley sobre proporción del empleo entre nativos y extranjeros, repatriar a los indocumentados, pero también cultivar buenas relaciones de mutua cooperación con esa nación que por siempre estará donde está.

