En la zona costero-marina de nuestra isla habita el carey, una de las siete especies de tortugas marinas que existen en el mundo.
La cantidad de ejemplares se ha reducido significativamente en todo el mundo y por eso está prohibido internacionalmente su comercio.
La semana pasada el Ministerio de Ambiente del país, se incautó de decenas de ejemplares de careyes disecados que eran ofertados a turistas en tiendas de Bávaro y Verón.
El operativo estuvo encabezado por el coronel Francisco Santos Tolentino, director del Servicio Nacional de Protección Ambiental (Senpa), quien ordenó el apresamiento de los responsables.
El oficial aseguró que enviará a los tribunales a cualquier persona que viole la veda de la captura de careyes u otras especies protegidas.
Recordó que la veda fue aprobada en la convención internacional CITES que regula el tráfico internacional de flora y fauna, y considerada una especie críticamente amenazada por la Unión Mundial para la Naturaleza (IUCN).
Generalmente, se encuentra en zonas de arrecife de coral, y se distingue de las demás tortugas por su pico en forma de halcón y el hermoso patrón moteado de marrón y amarillo de su concha.
En nuestro litoral existen sitios de alimentación de careyes, y también playas de anidamiento, donde salen las hembras a poner sus huevos.
Los careyes eran relativamente comunes hasta hace poco en muchas de nuestras áreas costeras. Su captura indiscriminada tanto en el agua como en la playa para aprovechar su carne, huevos y concha, han provocado su desaparición en casi todas las costas dominicanas. Además, muchas veces quedan atrapados en redes de pesca colocadas en su hábitat.
Debido a su delicada situación, su explotación está prohibida bajo diversas leyes dominicanas. La más reciente es la Ley de Pesca 307-04, que en su artículo 46 prohíbe la comercialización de huevos, carne o concha del carey.
El comercio del carey le hace mucho daño no sólo a los careyes dominicanos, sino a los de todo el Caribe.
Estudios científicos han demostrado que los careyes hacen grandes migraciones, a veces de hasta de miles de kilómetros desde su playa natal hasta las zonas de alimentación.
En el año 2003 fue seguido a través de satélite el recorrido que realizó un carey Nautila que se trasladó desde República Dominicana hasta la isla de Bonaire, donde colocó sus huevos.
Sin embargo, en la República Dominicana cada día aumenta la oferta de productos de carey. Se anuncia en letreros, tarjetas de presentación y la mercancía se ofrece abiertamente en la entrada de muchos comercios.
La artesanía de carey se vende especialmente en las tiendas de souvenirs para turistas (gift shop) de Santo Domingo y los principales destinos turísticos del país, pero también en tiendas para el público dominicano. Y esto ocurre ante la indiferencia de las autoridades y los consumidores.

