Al margen de las reservas que se puedan tener sobre la función gramatical en el sistema de enseñanza, las faltas ortográficas encontradas en profesores de media y básica sólo confirman la necesidad de una mayor inversión en la educación. Si los maestros desconocen cómo se escriben palabras que forman parte del vocabulario que emplean en el aula, aunque sepan su significado, es porque su preparación no es la más adecuada. Pero antes que pulverizar a educadores, de seguro seleccionados sin ser evaluados por técnicos competentes, se impone reparar en las condiciones y el método de enseñanza. ¿Qué puede enseñar un profesor que no sabe y que probablemente ejerza la docencia más por necesidad que por vocación? Por esa razón las faltas ortográficas n son más que una clarinada, una prueba fehaciente, sobre las debilidades de un sistema educativo que, además de politizado, está plagado de deficiencias. Son faltas que ayudan a entender el porqué República Dominicana ha ocupado los últimos lugares en las evaluaciones internacionales en lectura comprensiva, matemáticas y ciencias. Sin profesores calificados no se puede garantizar siquiera un adecuado sistema de enseñanza. Los profesores dominicanos requieren de una buena preparación, pero para ello hay necesariamente que aplicar un modelo que se afinque en una filosofía y defina unas metas. Es más que archiconocido que el descalabro de los planteles y la escasez de aulas son sólo parte del problema educativo, pero que el fundamental radica en las condiciones y el método de enseñanza a partir de la formación del profesorado. En las condiciones actuales, con sueldos de miseria y socialmente subestido, es muy difícil que ningún joven se sienta motivado a estudiar para ejercer el magisterio. Por mayor que sea su vocación. Las faltas ortográficas son para llamar la atención sobre la educación.

