El pasado lunes 13 de noviembre, asistí al acto “Un siglo cumplido, cien obras trascendentales. Un siglo de historia”, en el que don José Luis Corripio Estrada (Pepín), junto a su distinguida familia, expresó su gratitud por la acogida del pueblo dominicano a sus antepasados y la generación actual. Las palabras de don Pepín sobre sus padres y demás familiares que llegaron al país en 1917 son el mejor ejemplo de lo que significan las palabras trabajo y dedicación.
Tuve el honor de conocer y compartir con don Manuel Corripio, en mis años de estudiante de derecho, y luego como abogado, cuando visitaba las oficinas de Distribuidora Corripio que estaban ubicadas en la Calle Emilio Prud’ Homme. A pesar de su avanzada edad, siempre don Manuel estaba en su puesto de trabajo, atento y humilde. Compartí con don Manuel, mis primeras botellas de miel de mi apiario casero. Muy gratos recuerdos.
El acto del pasado lunes tuvo una connotación muy especial. En mi conocimiento, sería la primera vez en la historia en la que una familia reconocía su agradecimiento a cien instituciones que realizan extraordinaria labor en todo el territorio nacional. Los presentes en el acto vimos la diversidad de organizaciones sin fines de lucro que realizan una labor social extraordinaria en el país. Ver a sacerdotes, monjas, comerciantes, deportistas, activistas de medio ambiente, defensores de los derechos de la mujer y de la familia, agricultores, médicos, clubes deportivos y culturales, asociaciones que procuran mejor condición para personas afectadas por enfermedades, en fin, cien asociaciones o personas que tienen una trayectoria y hoja de conducta a favor de sus comunidades, fue la mejor forma de agradecimiento por parte de la familia Corripio.
Mi reconocimiento a don Pepín, ejemplo de trabajo y de sabiduría, y doña Ana María, columna vertebral de su familia, y a sus hijos, Manuel, José Alfredo, Lucía y Ana, y nietos. “Un Siglo Compartido” es la mejor demostración de su apego a nuestro país, a su gente, su pasado, su presente y su futuro.

