Ochenta millones de norteamericanos aún no se vacunan, y mientras no lo hagan USA no puede declararse inmune al covid, en su peor manifestación: la delta.
Las víctimas actuales son fundamentalmente jóvenes y niños, y en el caso de la infancia, que ahora abarrota los hospitales, la razón es el fundamentalismo de padres y madres.
La tasa de muerte infantil por el virus ha provocado que la superintendente de todas las escuelas de La Florida determine que tanto los profesores como los estudiantes usen mascarillas, algo a lo que el gobernador del Estado, Desantis, se opone tan agresivamente que emitió una ley que obliga a niños y maestros a asistir a clases sin mascarilla. A esta acción respondió un juez bloqueando el dictamen del gobernador, en un juego de poder donde las únicas víctimas son la infancia y juventud.
El asombro arropó ayer a Norteamérica cuando el noticiero mostró el violento enfrentamiento entre un grupo de padres promascarilla y los contrarios, lo cual provocó que, estupefactos, nos preguntáramos cómo es posible que en pleno 2021 hayamos regresado al Medioevo, precisamente en un país donde es tan fácil tener acceso a los medios de comunicación.
Y, ¿cómo es posible que el gobernador Desantis, pueda cometer un crimen de tan lesa humanidad contra la gente de Florida, sin que haya consecuencias?.
Desantis es un politiquero empeñado en proyectarse en el Partido Republicano y para ello actúa de manera más conservadora y fanática que el propio Trump, quien en un viaje a Nueva Orleans fue abucheado masivamente cuando recomendó que la gente se vacunara.
Porque una cosa es llamar al diablo y otra verlo venir, y desatar el demonio del fanatismo tiene consecuencias como las del 6 de enero, cuando sus seguidores atacaron violentamente el Congreso de los Estados Unidos.
Viendo la barba de nuestro vecino arder, hay que poner la nuestra en remojo, lo cual significa que a todos esos y esas fanáticos -sin oficio-, que están promoviendo el rechazo a las mascarillas, con sus altavoces en El Conde, habría que meterlos presos, porque si solo ellos se contagiaran y murieran habría que celebrarlos, pero el problema es que son ángeles de la muerte contra su prójimo y prójima.
El fanatismo del prójimo-prójima es su derecho, hasta que su ignorancia afecte mi derecho a la vida, salud y sobrevivencia. Es lo mismo, en menor escala que el derecho a las tres causales que justifican un aborto. ¿Usted no está de acuerdo? Muy bien, asuma su responsabilidad colectiva y abra o apoye un orfanato, o centro laboral para muchachas pobres, pero no me imponga a mí lo que debo hacer con mi cuerpo.
Por: Chiqui Vicioso
luisavicioso21@gmail.com

