El feminicidio, último peldaño de la violencia basada en el género contra las mujeres, es un asesinato misógino de mujeres por hombres, como definieron Diane Russel y Jill Radford en 1992, introduciendo el concepto que, como Russel aclaró en su momento, ya estaba en uso desde hacía más de dos siglos para denominar los asesinatos de mujeres.
Así, la academia feminista anglosajona, visibiliza por primera vez el paradigma del feminicidio, llamado también femicidio, cuando se traduce directamente del idioma inglés.
El concepto feminicidio, tiene como marco la amplitud de violencias que las mujeres sufren, en cualquier etapa de su vida, como propuesta sociocultural de parte de los hombres, no solamente en el ámbito doméstico y de la pareja, como hemos determinado en el país. La idea de que las violencias a las mujeres, solo se dan en escenarios íntimos, borra el carácter estructural y las direccionalidades de las expresiones de violencias misóginas, por lo tanto, limita la comprensión de una violación a los derechos humanos de las mujeres a lo largo de su vida.
Como dice la investigadora costarricense de origen español, Ana Carcedo, “haber negado la especificidad de la violencia contra las mujeres y subsumir ésta en la violencia doméstica o intrafamiliar, ha tenido costosas consecuencias”. Nos queda entender que es el desbalance de poder que favorece a los hombres sobre las mujeres socioculturalmente, el que genera estas violencias en cualquier ámbito fuera de la relación familiar y de pareja.
Los modelos de atención a este tipo de violencias tienen que partir de una concepción amplia de la violencia hacia las mujeres todas, reconociendo que perjudican, imposibilitan y disminuyen el ejercicio de los derechos humanos de las mujeres.
Hay que ampliar la visión de la violencia contra las mujeres, no solo la de la pareja, para vencer el principal obstáculo del desconocimiento del fenómeno, dentro de las dependencias del Estado.
Los más de 9 feminicidios que se han cometido en lo que va de este año, en el país, incluyendo el de una niña de cuatro años, obligan al Estado dominicano a revisar las estructuras y las dinámicas sociales que proponen las relaciones desiguales de poder que fundamentan el feminicidio. La categorización utilizada oficialmente de las muertes violentas de mujeres, en feminicidios íntimos solamente, limita la amplitud del fenómeno.
La complejidad de los escenarios de violencias y feminicidios, se asienta en el propio contexto socioeconómico, político y cultural que favorece la desigualdad de poder entre hombres y mujeres y que crean actuaciones de control, violencia y feminicidio.
¡Hay que conocer esto para contenerlo!

