Opinión

Feria amarilla del libro

Feria amarilla del libro

El escenario no puede ser mejor para hacer ver a las autoridades que la demanda de la sociedad para que se cumpla con el mandato de la Ley sobre la asignación presupuestaria para la educación, es un asunto en serio.

Es lamentable que, en los últimos años, las ferias del libro que organiza el Ministerio de Cultura tengan más de propaganda que de promover la lectura e incentivar una actitud positiva de los jóvenes hacia los libros.

Por eso es que en las ferias que se organizan en el país distan mucho de las de otras naciones, donde son eventos solemnes con discusiones de altura sobre temas importantes, y cuando se incluye música o baile son del estilo clásico.

De ahí que, cuando se evalúan los resultados de cada feria, estos son similares año tras año, y a pesar de ello se permite la proliferación de negocios para la venta de alimentos, baratijas e incluso Cultura auspicia la presentación de grupos musicales y artistas cuyas canciones expresan mensajes alienantes y negadores de valores.

Esto sin mencionar que los precios de los libros, generalmente son más altos que en temporadas normales, sin que Cultura se preocupe por colocar ediciones populares que obras clásicas o de gran interés para la población.

Pero, en el fondo, es “cháchara” y nada más. Sin embargo, hay que ir, vestido de amarillo por supuesto, para establecer una diferencia clara entre los que aspiramos a una mejor sociedad y los que pretenden que siga el analfabetismo galopante que cruza las calles y callejones de nuestros barrios pobres.

La presión de la sociedad sobre el cumplimiento del 4% para Educación, le pone la bola en la cancha del presidente Leonel Fernández, quien no debe desaprovechar esta coyuntura para en el presupuesto del 2012 cumplir con la Ley de Educación.

Esto lo convertiría en el único mandatario, que, aunque presionado por la sociedad, otorgue lo que la ley manda para la Educación.

El Nacional

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