Hoy, cuando nuevamente se hacen aprestos para quebrantar la carta constitucional, se cumple un aniversario más de la muerte de un Héroe Nacional; figura cimera de nuestra historia reciente; gestor e ideólogo original de la guerra de abril de 1965. Aunque sus restos fueron llevados al Panteón Nacional, nuestras autoridades (seguidores de Bosch), deben por lo menos intentar un reconocimiento aun mayor.
El coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez nació el 18 de septiembre de 1934, en el poblado de Damajagua, provincia Valverde, a los 19 años ingresó como raso al ejército nacional, hasta llegar a ser director de la academia militar “Batalla de las Carreras”. Se opuso al derrocamiento de Bosch; exiliado por el gobierno del triunvirato; regresó clandestinamente a un país ocupado por tropas extranjeras, se despojó de sus insignias de teniente coronel, y se puso al servicio del gobierno constitucionalista.
Este oficial, definido por la mayoría como “soldado del pueblo y militar de la libertad” mantuvo vivo el pensamiento Duartiano en la defensa de los intereses supremos de la patria. A juzgar por el testimonio de los soldados que le conocieron, era un hombre íntegro, idealista, perseverante, y por tanto su figura histórica tiene que ser promovida, sobre todo cuando muchos de nuestros valores se han esfumado.
A diferencia de otros héroes como Manolo Tavárez o Francisco Caamaño; no murió ejecutado por militares dominicanos (con Ramiro Matos como verdugo), sino en una emboscada de los marines norteamericanos, cuando junto a Juan Miguel Román, Ilio Capocci, Euclides Morillo, Montes Arache y otros más, se embarcaron en el recordado asalto al palacio nacional. En aquel entonces, tenías olo 30 años de edad.
Leyendo algunas cosas sobre la vida de este Héroe Nacional, nos encontramos con citas como:
“La ley es la regla a la cual deben acomodar sus actos, así los gobernantes como sus gobernados” y otras como: “Aquí estoy respondiendo con la frente en alto, el honor multiplicado y la vergüenza como estandarte, que me juzgue la historia y la Republica”
Sugiero a nuestros honorables legisladores, que, en lugar de estar haciendo componendas para modificar la constitución, se animen para establecer mensajes positivos a nuestra juventud. En lugar de celebrar pendejadas como Corpus Cristi o las Mercedes, se legisle para recordar el nacimiento de este insigne dominicano, digno de respeto y admiración.

