Decir que la economía dominicana esta atravesando por un mal momento es una verdad de Perogrullo. Antes que estallara la crisis de la economía norteamericana nuestro país enfrentaba el déficit cuasi-fiscal producto del desplome del Banco Intercontinental (Baninter), que según los entendidos, anda por encima de los setenta mil millones de pesos.
La deuda pública interna, junto a la deuda pública externa, suman varias decenas de millones de pesos, lo que viene a complicar mucho más la situación.
Compelido por la extrema necesidad, el gobierno con el apoyo del sector privado, ha tenido que recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI), con el que acaba de suscribir un acuerdo Stand Bay que le permitirá recibir, mientras el Acuerdo este vigente, la suma de $ 1,700 millones de dólares.
Conforme a los términos del Acuerdo, el objetivo del mismo tiene el propósito de estimular la economía del país y preservar la estabilidad macroeconómica.
En lo que resta del presente año 2009 el país recibirá la friolera de 1,100 millones de dólares, equivalentes a 40,000 millones de pesos. De estos valores, 800 millones de dólares serán destinados al financiamiento del déficit presupuestario, dicho en otras palabras, para amortizar el pago de deudas ya vencidas.
Las carencias de la economía dominicana son muy superiores al monto de los recursos que va a recibir a consecuencia de la firma del Acuerdo con el FMI. Y si a este monto se le resta la parte que se utilizará para cubrir el déficit presupuestario entonces la disponibilidad será menor.
Todo esto nos permite colegir que el Presidente de la República, Dr. Leonel Fernández y sus Asesores, tendrán que empeñarse a fondo, apelar a la equidad y aplicar al máximo la racionalidad de forma que los recursos a recibir vayan a parar el sector productivo y a las áreas más prioritarias.
El Secretario de Economía, Planificación y Desarrollo, Lic. Temístocles Montas, acierta al señalar que se privilegiará el pago a los acreedores nacionales, incluyendo a los generadores de electricidad. Sugiero la inclusión de la producción agropecuaria que es vital, no solamente por la seguridad alimentaria de los dominicanos, sino para frenar la importación de rubros agrícolas que tanto daño le ocasionan a nuestra economía.
No hay que ser premio Nobel de economía para darse cuenta que cuando las necesidades son mayores que los recursos que se tienen a mano, lo que se impone es la cautela y la racionalidad.
