Opinión

Freno a la democracia

Freno a la democracia

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Las prácticas individualistas que han penetrado los organismos del sistema, igual que los impostores aferrados a los cargos, constituyen un freno para el funcionamiento auténticamente democrático de un Estado defnido como tal.

  Es lo que ocurre en los ayuntamientos, en el Congreso, en los partidos políticos e, incluso, en las entidades tipo Organizaciones No Gubernamentales (ONG) sobre todo si manejan dinero y debe administrarlo para los programas que tienen por misión ejecutar.

El reparto de funditas y, en algunos casos, juguetes y utensilios del hogar, los hacía el doctor Joaquín Balaguer en época de Navidad y para las fiesta de los Reyes Magos.

Los partidos políticos, en ocasión de esas fiestas, instituyeron la costumbre de enviar cajas a sus partidarios.

Hoy, la dádiva clientelista se ha extendido a todos los niveles: aspirantes a regidores, a síndicos, a diputados y a senadores, y hasta gobernadores, que no son funcionarios electos, pero que aspiran a acceder a uno de esos cargos o a permanecer de algún modo en la nómina del Estado.

Todos ellos consiguen millones de pesos para repartir.

Y es preciso preguntar: ¿Dónde encuentran tanto dinero? ¿Es, acaso, del dinero que pagamos tú y yo?

¿Cuál es el resultado? Un pueblo envilecido, carente de valores y dispuesto a elegir a cualquiera que le regale chucherías.

Y, entre los electos, hay muchos que, tras obtener los votos, se retratan como estafadores políticos, porque deshonran las funciones para cuyo desempeño han sido escogidos.

Ya pasaron los tiempos de escoger como dirigentes a los hombres y mujeres más honroables de las ciudades: legisladores, regidores y síndicos entregados a sus munícipes.

Estamos, actualmente, presenciando la imposición del imperio de los antivalores.

La deshonestidad, la mentira, el robo, el narcotráfico, todo esto está presente.

La democracia está en el ataúd, con velas en cada esquina y, orando, vestidos de luto, los que lamentan su muerte.

Al mismo tiempo que celebran y festejan los nuevos paradigmas, gozosos junto a su sepultura y con capacidad económica para implantar su “democracia”.

El Nacional

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