Opinión

¿Frontera segura?

¿Frontera segura?

El presidente Danilo Medina, en la rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional, aseguró que la zona fronteriza con Haití está más preparada, segura y más protegida que nunca, debido al incremento del número de militares y del equipamiento tecnológico para la observación con drones y cámaras de vigilancia que nos protegerán contra cualquier amenaza. Tal afirmación es positiva, pero en la práctica no llena el cometido de preservar la soberanía nacional, pues sigue indetenible el flujo de ilegales.

Quizás el jefe de Estado tenga las mejores intenciones, dado que ha logrado mejorar las condiciones de vida de una porción de los habitantes de la región. Sin embargo, se requiere una mayor voluntad política para impedir el trasiego de indocumentados, tráficos de armas de fuego y el alarmante incremento del narcotráfico, actividad criminal que goza de impunidad en Haití, donde los colombianos se mueven a sus anchas.

El grave problema fronterizo tiene como única solución la construcción de una gran muralla, a todo lo largo de los alrededor de 390 kilómetros (aún no hay una cifra exacta de la longitud de la zona), que evitaría para siempre las actividades ilícitas en línea limítrofe con Haití, y garantizaría que el país no vuelva a caer dominado por las hordas haitianas.
Sin muro fronterizo no hay solución, toda vez que una gran verja, igual o similar a la que construye Estados Unidos con México, salvaría a la nación de las calamidades que ocasionan el conglomerado humano que ocupa la parte oriental de la isla, dejando una secuela de crímenes y delitos y decenas de enfermedades transmisibles, cuyo costo en medicamentos mengua el presupuesto de Salud Pública.

El ministro de Defensa, teniente general Rubén Darío Paulino Sem, ha hecho esfuerzos extraordinarios para frenar la inmigración ilegal, visitante la frontera cada semana en labores de supervisión de los puestos de chequeos que han logrado disminuir los robos de ganado, la deforestación de algunos puntos montañosos y la entrada de ilegales, los cuales son devueltos a su país, pero regresan nuevamente por la centena de cruces que existe en la frontera.

Una verja fronteriza, de reducida dimensión, y el monitoreo de los militares que cumplen su deber, ha contribuido a frenar levemente la trata de personas y otros ilícitos de tipos penales, acciones encomiables que desgraciadamente son insuficientes para tener un absoluto control de toda área fronteriza que requiere el levantamiento de una malla para terminar de una vez y por todas con el tormento haitiano.

El Nacional

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