Las debilidades del sistema salen a flote cuando la Suprema Corte de Justicia se arroga la misión de regular las carreras universitarias. Que los egresados de las escuelas de Derecho abunden como hierba mala, además de incompetentes, es el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología el que tiene que intervenir para corregir las deficiencias.
Pero la institución que dirige Ligia Amada Melo ni siquiera ha abierto la boca sobre el cuestionamiento y la intromisión de la Suprema Corte de Justicia en sus atribuciones. Si los profesionales del Derecho son deficientes es porque las universidades no cumplen con su función formativa. Y si abundan más allá de lo razonable es por debilidad del propio sistema, que no se ocupa de regular las carreras universitarias.
La preocupación de la Suprema Corte de Justicia puede ser válida. Pero se aparta de sus funciones con el anteproyecto que establece hasta una pasantía para ejercer la profesión. Educación Superior no debe callar, sino reivindicar sus funciones.

