Jorge Rolando Bauger
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La arbitrariedad de los árbitros
El oficio de árbitro es difícil, requiere de enorme ecuanimidad y una total idoneidad
En el año 1948, el incipiente movimiento futbolístico de Inglaterra adoptó como buenos y validos los códigos que regían el viril juego que, con descomunal vehemencia, practicaban los estudiantes de la Universidad de Cambridge.
Esos simples estamentos inspiraron las reglas que, quince años más tarde fueron promulgadas y aceptadas por once clubes ingleses el 26 de octubre del año 1863 en la londinense taberna Freemason´s. A partir de ahí, el popular juego escolar y universitario se transformó en un deporte que, con el correr de los años, se convirtió en un fenómeno de masas y, ese mismo día, nació la Football Association.
Desde entonces, es decir desde hace 150 años, las reglas del fútbol han sido objeto de múltiples cambios e inacabables críticas tanto a su contenido como hacia los encargados de hacer respetar las reglas del juego, es decir los árbitros.
Sabemos que administrar justicia de manera justa es una tarea ardua y más aún cuando las decisiones de los jueces favorecen o perjudican sentimientos y pasiones.
Más sin embargo, muchas veces, la arbitrariedad de los árbitros despierta, tanto en nosotros como en la mayoría de los amantes del fútbol, oscuros y violentos sentimientos indignos de gente civilizada y razonable.
Con el objetivo de mejor entender las características de los árbitros recurrimos a lo que escribió Eduardo Galeano en “A Sol y Sombra”.
Galeano describe el oficio de los árbitros de manera muy peculiar diciendo lo siguiente: “Los árbitros son arbitrarios por definición y naturaleza”.
Los árbitros de fútbol son una especie de abominables tiranos que ejercen su dictadura sin oposición posible y, con grotescos gestos, propios de la Opereta, ejecutan su poder mostrando a destajo tarjetas amarillas o rojas.
Con el silbato en la boca, los árbitros soplan los vientos de la fatalidad del destino, otorgando ó anulando goles.
Por momentos nos da la sensación que el trabajo de los árbitros es hacerse odiar y, desafortunadamente, la única unanimidad que existe en un estadio de fútbol es que; todos, absolutamente todos, odian a los árbitros y éstos a su vez, dan lo mejor de sí para merecer ese inmerecido desprecio.
Sólo en contadas ocasiones, las decisiones arbitrales obtienen el apoyo de los fanáticos pero, ni así logran probar su inocencia. El equipo que pierde fue por culpa del árbitro y el que gana, lo hizo a pesar de los árbitros.
Durante muchos años, los árbitros, jueces, referees, colegiados o ampallas, como le dicen en nuestro país, se vistieron de negro y por eso les llamaban cuervos ahora, lucen atractivas vestimentas con colores y diseños modernos pero, siguen siendo los mismos “cuervos”.
En realidad los árbitros son para el fútbol, un mal necesario y tenemos que aceptarlos, respetarlos y obedecerlos.
Todo esta extensa catarsis (desahogo) la provocaron las recientes “fallas” ó “injusticias” que sufrieron los equipos de Sevilla y Elche ante los poderosos Barcelona y Real Madrid, respectivamente.
Sabemos que los árbitros son humanos, comprendemos que se pueden equivocar pero: ¿Por qué siempre sus equivocaciones perjudican a los equipos más débiles?
El oficio de árbitro es difícil, requiere de enorme ecuanimidad y total idoneidad.
En el mundo del fútbol, los niños imitan a las figuras internacionales, ellos quieren actuar como los entrenadores exitosos y pretenden gestionar igual que los poderosos presidentes de los grandes clubes pero, ningún, absolutamente ningún niño, quiere parecerse ó imitar a un árbitro.
¿Por qué será…?
