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FUTBOL SOLO FUTBOL

FUTBOL SOLO FUTBOL

Jorge Rolando Bauger
jbauger@hotmail.com

 

Una Liga Mayor con un arbitraje menor

 

La principal competencia futbolística del país adolece de calidad en la mayoría de los árbitros que están actuando en la justa.

Todos sabemos que, para que una disciplina deportiva pueda desarrollarse y experimentar un crecimiento armónico y constante, debe de tener una sólida base conformada por dirigentes capacitados con visión empresarial, credibilidad y, suficientes recursos para enfrentar los múltiples imprevistos que producen los certámenes deportivos.

Disponer de técnicos (entrenadores) versados en la materia, experimentados y a la vez actualizados para preparar y dirigir adecuadamente a los equipos, también es básico.

Contar con un cuerpo médico que de soporte a las exigencias de las competencias y que pueda sanar y recuperar a los futbolistas rápida y eficazmente es también muy importante. Debido a los costos, la mayoría de los equipos cuentan con el soporte médico sólo de manera ocasional.

Para evitar las especulaciones y malos entendidos es fundamental que los árbitros actuantes tengan la suficiente personalidad y carácter para aplicar la reglamentación

vigente con coherencia

y sentido común.

Por nuestras obligaciones y responsabilidades con la producción y dirección del programa de televisión homónimo, los domingos no podemos ver -completamente- los partidos de la Liga pero, eso no impide que nos lleguen todo tipo de comentarios desde diferentes partes del país.

Como el pasado fin de semana, debido a que nuestra selección viajará a Indonesia, la jornada de Liga Mayor se disputó el sábado, pude saciar mis deseos de ver un partido de Liga Mayor completo.

Grato, muy grato fue ver un Estadio Panamericano hermoso, limpio y con una superficie de juego más que aceptable.

Reconfortante fue constatar el esmero y seriedad con que los equipos (San Cristóbal y Bauger F.C.) calentaban previo al importante encuentro.

Llamativo los colores utilizados por los colegiados que se presentaron impecablemente uniformados y contrastaban con los de ambos equipos.

Hasta ahí, el espectáculo deportivo era inmejorable pero, una vez que el balón rodo el resultado le fue adverso al equipo local, un sector de los fanáticos de San Cristóbal comenzó a presionar al auxiliar del árbitro al punto de lanzarle botellas de cerveza (omitimos la marca) y, a partir de ahí, el caos, los nervios

y la incoherencia.

El árbitro central no ejerció autoridad para proteger a su colaborador y durante el juego pasó por alto jugadas muy violentas, pero inició un festival de tarjetas amarillas por acciones insignificantes.

En cualquier estadio del mundo, el reiterativo lanzamiento de objetos en contra de los árbitros produce -automáticamente- la suspensión del encuentro, sin embargo, en San Cristóbal eso no sucedió. Fuentes muy confiables nos aseguraron que, el supervisor del encuentro, prácticamente obligó a la terna arbitral a continuar el juego.

En San Cristóbal la seguridad que con tanto énfasis se le reclama a la mayoría de los equipos, sólo estaba representada en una persona y -afortunadamente- los jugadores tuvieron la suficiente madurez para no dejarse llevar ni por la presión ni por los desaciertos arbitrales.

Aunque me costaba creerlo, luego de lo presenciado en San Cristóbal y enterado de lo sucedido en La Romana, como también así en Jarabacoa, lamentamos afirmar que, en nuestra Liga Mayor, el arbitraje es Menor…

 

El Nacional

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