La FIFA necesita un cambio radical
Los que amamos el fútbol estamos preocupados por lo que sucederá el próximo 26 de febrero, en Zúrich (Suiza) y anhelamos que el frío gélido de esa ciudad sensibilice a los votantes y les haga elegir correctamente. Aunque ese es nuestro deseo y la dirigencia del fútbol mundial necesita reivindicarse con la sociedad, somos escépticos y no nos hacemos muchas ilusiones porque, quienes votarán serán los mismos que, en la última elección, favorecieron a Blatter con 133 votos.
Es verdad que el fútbol necesita un cambio radical, pero también es verdad que en Zúrich no habrá una ‘revolución’ porque las revoluciones no admiten que las nuevas autoridades hereden el puesto de sus ex amigos y en la FIFA -de una u otra manera- todos están emparentados.
Recordamos que la FIFA se creó en el año 1904 con el propósito de promover el deporte fútbol en todo el mundo y, a través de los años, el ente rector del fútbol mundial ha evolucionado y sus ocasionales y poco pulcros dirigentes, se han enriquecido con nuestro deporte.
En ciento once años (111) de vida institucional -de 1904 al 2015- la FIFA fue gobernada por solo ocho presidentes.
Tres de ellos, Jules Rimet, oao Havelange y joseph Blatter guiaron los destinos del fútbol mundial por setenta y cuatro años.
El visionario francés Jules Rimet presidió la FIFA desde 1921 hasta 1954. Durante ese período se creó la Copa Mundial y se disputaron cinco de sus ediciones (1930-1934-1938-1950 y 1954).
Veinte años después, en 1974, llego a la presidencia de la FIFA el brasileño Joao Havelange, quien recibió una institución anquilosada y vetusta conformada por 146 miembros y la convirtió en una empresa progresista que pasó a generar toneladas de dinero.
Bajo su mandato nació la Copa Mundial Femenina, el Campeonato Mundial Sub 20, el Mundial de Clubes, el Campeonato entre Confederaciones y la Copa Mundial pasó de ser disputada por dieciséis selecciones a treinta y dos y 196 los países miembro.
Indudablemente, Joao Havelange, con Joseph Blatter como secretario general, transformó a la FIFA, la que, a pesar de ser una Organización sin fines de lucro, pasó a disponer de cuentas millonarias en los bancos suizos.
Joseph Blatter fue su sucesor natural y presidió la FIFA desde 1998 al 2015 (17 años). Durante todo ese período desarrolló un inmenso poder e hizo y deshizo en la Federación Deportiva más poderosa del mundo.
Los abusos de sus principales sostenedores llegaron a tal punto que treinta de ellos fueron investigados y, la mayoría de ellos terminaron en prisión. Por esta situación, Joseph Blatter tuvo que poner su puesto a disposición de la institución y posteriormente, el Comité de Ética lo apartó de toda actividad futbolística, tanto nacional como internacional.
A partir de ese momento (octubre 2015), el camerunés Issa Hayatou asumió la presidencia temporal y, el próximo 26 finalizará su breve período como ‘jefe’ del fútbol mundial.
Lo curioso y paradójico es que, durante más de un siglo, sólo ocho personas presidieron la FIFA y, ahora -en menos de cinco meses- dos diferentes dirigentes, el actual y el que resulte electo, habrán inscrito su nombre en la historia de la FIFA.
Definitivamente, el tiempo cambia a una velocidad vertiginosa y por eso, la FIFA necesita un cambio radical que tendría que abarcar todos los estamentos de esta organización.

