Con el fin de proteger y velar por los sectores más vulnerables de toda sociedad fueron concebidos los derechos sociales que son aquellos preceptos constitucionales hoy erigidos a voces en muchos países de Latinoamérica que reclaman de sus gobiernos mayores garantías sociales. Los pueblos despiertan y sus conciencias sociales fruto de una nueva sociedad de la información que ha convertido al mundo en una especie de aldea interconectada donde cada uno de sus pueblos se convierten en una especie de espejo de sus realidades, de sus problemáticas y de sus reacciones.
Desde el derecho a la educación, derecho a la seguridad social, derecho a la protección de la salud, derecho a la vivienda, derecho laboral, entre otros, son derechos inherentes en la dignidad de todo ser humano y sus sociedades.
En los últimos meses hemos visto un grupo de países en América Latina sacudidos por violentas protestas y crisis políticas entre ellos Bolivia por acusaciones de fraude electoral que llevaron a la renuncia de su presidente Evo Morales, en Chile para sorpresa de muchos analistas dado su aparente auge y estabilidad económica fueron testigos en sus calles de violentos reclamos argumentando desigualdad, en Ecuador por la eliminación de los subsidios a los combustibles, en Haití por la escasez de gasolina y alimentos, en honduras, el presidente Juan Orlando Hernández, enfrentando manifestaciones exigiendo su renuncia ante el juicio por narcotráfico a su hermano en Estados Unidos, el mandatario peruano, Martín Vizcarra, quien disolvió el Congreso en medio de una prolongada crisis política por casos también de corrupción, que es un mal endémico latinoamericano, entre otros.
Más que atribuir estos movimientos a la izquierda o a la derecha, donde ambas ya han tenido sus oportunidades, estos reclamos de garantías sociales son una demanda a las elites de una democracia que funcione mejor, donde funcionen los partidos políticos y haya una verdadera representación, de recuperar la fe en las instituciones y enfrentar sin privilegios los altos niveles de corrupción y el cáncer de la impunidad.
Este fenómeno social y simultáneo en varios países obedece a que los gobiernos se les ha olvidado enfocarse en disminuir las desigualdades, no solo la pobreza, y los pueblos comienzan a exigir demandando garantías sociales y lo están haciendo en sociedades más abiertas, educadas, más informadas, con más capacidad de organizarse y en aumento de la clase media, que han descubierto que su voz en las calles está siendo escuchada.
Las manifestaciones de descontento social contra las elites que manejan el poder pueden continuar por contagio en toda la región siendo prudente para sus clases gobernantes y de poder poner la barba en remojo y trabajar sistemáticamente en dar respuestas a sus garantías sociales que son justas aspiraciones de los respectivos pueblos.

