Opinión

García Fermín

García Fermín

DANILO CRUZ PICHARDO
          El doctor Franklyn García Fermín, rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, es una persona de mi generación, a quien conozco desde los tiempos en que él estudiaba Derecho y un servidor hacía la carrera de Comunicación Social.

          Verlo hoy al frente de la más antigua casa de estudios superiores del continente me llena de satisfacción, sobre todo al exhibir un desenvolvimiento gerencial excelente, alcanzando metas que no se pudieron obtener durante décadas, a pesar del desorden administrativo encontrado, el dispendio y la anarquía.

          García Fermín ha pagado deudas que superan los 400 millones de pesos, el seguro médico está al día y la cuenta pendiente del Comedor Económico fue saldada; compró vehículos a los centros regionales, reparó 1,800 butacas, aplicó la categoría profesoral y unos 850 empleados contratados pasaron a la carrera administrativa.

          Además, tiene en agenda un ambicioso proyecto de reformas, que procura la actualización del Estatuto Orgánico y otros reglamentos adjetivos, incentivar la investigación y la invención tecnológica, tecnificar y automatizar los servicios administrativos y una readecuación global de la estructura de la academia.

          Los asuntos administrativos se desenvuelven en un marco de transparencia y el rector anunció la creación de una Oficina de Acceso a la Información, para que todos los dominicanos, a través del Internet, puedan conocer los asuntos inherentes a la institución. Será un gran ejemplo, si partimos de que el número de instituciones estatales que actúan con similar transparencia se pueden contar con los dedos de una mano.

          Otro gran logro de la presente gestión universitaria es el haber puesto coto a las sustracciones sistemáticas de propiedades de la academia, sometiendo a  la justicia a los responsables de los robos. No se puede obviar, asimismo, el clima de tranquilidad que se respira en el campus, donde  los actos anárquicos son cosas del pasado y los bachilleres procedentes de los estratos sociales más humildes pueden dotarse de una profesión universitaria y servirles dignamente a la sociedad.

          Por conveniencias particulares, sin embargo, hay segmentos que accionan en la UASD que no admiten el éxito de la gestión del rector García Fermín. Y apuestan a su fracaso, pensando erradamente que es la forma indicada de ascender a posiciones de jerarquía académica.

         En una institución democrática, como la UASD, las aspiraciones son normales y fortalecen su carácter plural, pero es ilógico obstinarse en hacer oposición a un rector, como el doctor García Fermín, que no puede reelegirse, porque el Estatuto Orgánico habla de un único período de tres años. Y el propio rector ha dicho que su aspiración es realizar una  buena gestión. Nada más.

          Siendo así, se impone la sensatez. Y que todos los universitarios aúnen esfuerzos en la búsqueda de soluciones de los problemas de la academia y en la consolidación de los logros. Sólo el egoísmo y la envidia impiden actuar en esa dirección. “La envidia y los celos no son vicios ni virtudes, sino penas”, dijo Jeremy Bentham.

El Nacional

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