La Federación Nacional de Transporte La Nueva Opción, que controla la mayoría de las rutas de pasajeros en el Gran Santo Domingo, realizó ayer un paro sorpresa que afectó a miles de pasajeros, imposibilitados de llegar a tiempo a sus lugares de destino, abuso incalificable que el jefe de ese cártel prometió repetir al señalar que solo fue un “calentamiento”.
Otro regente del transporte anunció que mañana jueves repetirá el suplicio ciudadano al retirar de servicio todas sus unidades a nivel nacional, dizque en reclamo de la reducción de los combustibles, por lo que esos mentados dueños del país procuran que el sistema de transporte rebase la línea entre el caos y el inferno.
El Gobierno pudo evitar una huelga de tres días que había convocado la Federación Nacional de Transporte Dominicano (Fenatrado), que paralizaría el acarreo de carga desde y hacia los puertos y aeropuertos y hacia los mercados de abasto, cuando los dirigentes de ese gremio aceptaron dialogar en procura de solución a sus demandas.
Lo que resulta imperdonable es que empresarios del transporte con ropaje de sindicalistas se crean con tanto poder como para poner al país patas arriba e insistir en un grosero chantaje de paralizar el servicio de transporte a menos que el Gobierno ceda a sus pretensiones.
Esa gente es dueña de la mayoría de los autobuses y minibuses que operan en el transporte urbano e interurbano, pero también es propietaria de las rutas públicas y de la vida de miles de choferes a los que les cobran tributos como en la época del personaje Vito Corleone.
El 36 % de la población del Gran Santo Domingo está a merced de esos cárteles que operan sus propias bandas, imponen sus propios designios en corredores y carreteras y autopistas, sin que ninguna autoridad se atreva siquiera a defender el derecho ciudadano de circular libremente.
Los gobiernos han fracasado en todos los intentos por reformar el sistema de transporte de pasajeros porque les temen a esos carteles como el diablo a la cruz o porque el liderazgo político prefiere concertar alianzas filisteas con esos grupos para canjear miedo por prebendas.
El abuso incalificable perpetrado contra miles de ciudadanos que ayer quedaron varados a causa de un paro sorpresa, rebosó el vaso de la paciencia de una colectividad harta ya de esas mafias, por lo que el Gobierno tendrá que dejar el miedo o comprarse un gato prieto.

