¿Qué Pasa?

GENERALIDADES

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Nuestros hijos difícilmente nos creen cuando les contamos que en los años 80, artistas iberoamericanos como Julio Iglesias, Roberto Carlos y José Luis Rodríguez vendían discos por millones. Como las ventas se hacen actualmente por la internet, no es fácil medir las cifras de ventas como en esos tiempos, cuando semana a semana recibíamos informes oficiales que no bajaban del medio millón de copias o más en la primera semana en el mercado. Y ese auge no se limitaba a la cantidad de unidades que el público arrebataba en las tiendas de discos, sino que los periodistas disfrutaban de los beneficios, según me han contado colegas que vivieron en Nueva York en la irrepetible década de 1980. “El sello CBS (hoy Sony/BMG) no escatimaba gastos para atender a los periodistas que escribíamos de espectáculos”, cuenta un crítico de música. “A mí me enviaban larguísimas limosinas a mi casa para que me llevaran a un concierto de Julio Iglesias en el Madison Square Garden o a uno del ‘Puma’ Rodríguez en el Radio City Music Hall”. Y eso no era todo. Después de los conciertos (todos realizados a casa llena, por supuesto) invitaban a la prensa a cenar en exclusivos restaurantes de la Gran Manzana, donde podían servirse hasta los platos más caros del menú. Las disqueras tenían ganancias increíbles y sabían que la prensa jugaba un papel determinante en eso, por lo que agasajaban a sus representantes como forma de agradecimiento. Tres décadas después, la situación es muy distinta. Las compañías disqueras prácticamente han desaparecido por culpa de la piratería, por lo que muchas de ellas han preferido concentrarse en las presentaciones en vivo de sus artistas, recibiendo un porcentaje de las ganancias. Eso, por supuesto, no deja un margen muy amplio de beneficios como para festejar a los periodistas. Algunos de los críticos, los más importantes, generalmente pertenecientes a los principales medios locales e internacionales, reciben invitaciones de viajes de vez en cuando, pero en una forma más bien personal, no general como en otros tiempos. Los artistas mismos o los empresarios que quieren que sus espectáculos se publiciten en la prensa y en los medios electrónicos tan de moda son los que asumen los gastos que conllevan estas atenciones para la prensa.

El Nacional

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