La palabra inglesa mánager quiere decir representante en nuestro idioma, pero ya sea en cualquiera de los dos idiomas se refiere a la persona que maneja la carrera de uno o de varios artistas con el fin de llevarlo al éxito y darle el valor que le corresponde dentro del competitivo mundo del espectáculo. Pero con el tiempo, el término se ha ido degenerando y hoy en día cualquiera se autodenomina mánager, aunque no tenga idea lo que significa esa palabra y las funciones que tiene que cumplir para que su cliente o pupilo pueda llegar a ser mañana un Julio Iglesias o un Luis Miguel. Estos pseudománagers, por llamarlos de alguna forma, sólo están interesados en recibir los beneficios económicos que les puedan generar sus artistas, sin tener la menor intención de trazar un plan de mercadeo y promoción que le permita a su representado ir escalando poco a poco los peldaños que necesariamente hay que subir para llegar a la cima y mantenerse allí por largo tiempo. Desgraciadamente, el profesionalismo que caracterizaba a los representantes de artistas en otras épocas ya es cosa del pasado. Los jóvenes que están el medio, hacen ahora las cosas a lo loco y quieren ganar la mayor cantidad de dinero en el menor tiempo y con un mínimo esfuerzo, sin pensar en el futuro.
Por tal motivo, los grandes ausentes del mundo del espectáculo son actualmente los inversionistas, los que ante esta realidad que se vive en el medio artístico saben perfectamente que es muy difícil, por no decir imposible, que puedan recuperar el dinero destinado a promover a un cantante o grupo con el objetivo de convertirlos en estrellas. No voy a mencionar nombres, pero sé del caso del representante de un joven merenguero al que un periodista internacional le pidió un par de boletas para escribir sobre él en un espectáculo masivo realizado en el Palacio de los Deportes. El mánager, o pseudománager, mejor dicho, le respondió diciéndole que las entradas para el show estaban agotadas, perdiéndose la oportunidad de que su artista pudiera ser tema de una crónica de un medio de trascendencia más allá de nuestras fronteras. Si no había entradas en boletería, él tenía que haber salido a la calle y comprar los dos ingresos en el mercado negro, pero la inexperiencia lo llevó a cometer ese craso error.

