¿Qué Pasa?

Generalidades

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Así es, apreciados lectores de mi columna semanal. La noche del lunes puse en circulación el tomo 16 de mi serie de libros Grandes Dominicanos en una atestada Sala Aída Bonelli de Díaz de nuestro teatro Nacional Eduardo Brito ante la presencia de una nutrida cantidad de colegas periodistas, así como de algunos de los personajes que figuran entre los 30 que escogí cuidadosamente para esta edición. Como presentador oficial de esta obra que destaca a lo mejor que tenemos en nuestro país estuvo Rafael Peralta Romero, el destacado literato que escribió el prólogo y además es uno de los dominicanos que figuran dentro del libro, lo que llamó mucho la atención del público que asistió a la ceremonia que tuvo una maestra de ceremonias de lujo: la bella y sensual Jenny Blanco, quien demostró que no sólo es una chica de cara y cuerpo lindos, sino que también tiene un gran talento. Tuve el honor también de que me acompañaran el presidente de Acroarte, Máximo Jiménez, así como antecesores en ese cargo en la entidad que ayudé a fundar en 1983, como Cheo Tejada y Napoleón Beras, junto con el afamado político y diplomático Víctor Gómez Bergés. Sin duda que el discurso que pronunció Peralta fue lo más notable de la noche, ya que este escritor y  también periodista hizo gala de su sentido del humor, dividiendo su participación en dos partes: una para referirse al hecho de que fue la última persona escogida para ocupar un lugar dentro de los 30 dominicanos incluidos en el libro y la segunda para analizar el contenido, donde figuran políticos, artistas, deportistas, intelectuales y representantes de otros aspectos de la vida nacional. Yo, por mi parte, me limité principalmente a agradecer la presencia de las personas que se dieron cita en el lugar y advertí que no me gustaban los discursos largos, por lo que fui breve y conciso y destaqué la importancia de las personas escogidas para esta décimosexta edición del libro que es un referente de los dominicanos que día a día se esfuerzan por hacer nuestro país mejor. Tras mi discurso, procedimos a entregar las placas acostumbradas a los personajes que tuvieron la gentileza de colaborar con las entrevistas que componen el volumen y enseguida compartimos un vino y cerveza Presidente—que no podía faltar—picaderas, lo que sirvió de excusa para que nos pusiéramos al día de lo que había pasado con amigos que no veíamos por largo tiempo y que llegaron al teatro Nacional para acompañarme en este momento tan importante de mi vida.

Gracias al Creador del universo por permitirme reconocer a los auténticos valores de mi patria en vida.

El Nacional

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