¿Qué ha pasado con Rafael Corporán de los Santos, aquél que fue síndico, el amigo de los pobres, el de la gran cadena Popular, emisoras eminentemente populares repartidas a todo lo largo y ancho de la República Dominicana, el gran campeón dela televisión dominicana, el mismo de una modernísima imprenta con las máquinas más modernas del país, el que llenaba los furgones alrededor de la dinámica Color Visión y de su kilométrico programa de televisión Sábado de Corporán, el que repartía grandes cantidades de comida para aquellos que no tenían nada?
Me aseguran que está en grandes apuros económicos.
¿Qué habrá pasado con el viejo Corporán, que muchos dicen que hoy no tiene nada?
Otras personas que han compartido con el famoso presentador han tenido asimismo la oportunidad de ver de primera mano que tampoco está bien de salud, tanto física y mental.
Se le ha visto en restaurantes ordenando dos y tres veces la comida porque al parecer su mente también ha sufrido los embates de su deterioro, o llamando por teléfono varias veces a la misma persona tras olvidar que ya habían conversado. Pero a pesar de sus problemas, el pueblo dominicano no podrá olvidar a este hombre de origen humilde que tras triunfar como vendedor callejero de boletos de la lotería llegó a ser una de las personas más influyentes de nuestro país, colocándose incluso al lado del desaparecido presidente Joaquín Balaguer, durante cuya gestión ocupó la alcaldía de Santo Domingo.
No todo ha sido lecho de rosas para Corporán, sin embargo. Una de las objeciones más publicitadas de su vida ha sido la creación de la Ciudad del Niño, proyecto que contó con inmensas cantidades de dinero, pero por esas cosas del destino, nunca llegó a hacerse realidad. Nadie se ha atrevido a explicar qué pasó con esos cuantiosos fondos ni por qué un proyecto tan loable no llegó a la meta trazada.
Sus actos positivos, sin embargo, superan ese pequeño percance, tomando en cuenta que miles de familias pobres disfrutan hoy de una nevera, un televisor, un horno microondas, de una licuadora y quizás de cuántos artefactos más gracias a él.
Ojalá que pronto su vida vuelva a normalizarse para que todos digamos al unísono: Corporán sigue.

