Con Acroarte
Son reiteradas las veces en que personas con moral en entredicho, han intentado boicotear el premio más alto al artista dominicano.
Se han esforzado tanto en hacer fracasar el Premio Casandra, que no se han dado cuenta de que cada vez que han hecho el intento, se han encontrado medio a medio con una pared de concreto reforzada por cada acroartista que defiende a la Asociación y a su premio.
Oídos sordos
Aunque siempre es más prudente hacerse de la vista gorda ante esta clase de provocaciones sin sentido, por aquello de que a palabras necias, oídos sordos, no siempre resulta tan sencillo seguir al pie de la letra esta sentencia.
Pero, para evitar colisiones sangrientas con bandos contrarios al premio, que se alteran y sacan las garras en el momento menos esperado, es preferible mantener una posición imparcial de arbitraje, para evitar excesos y mantener las aguas en su cauce.
Más que una noticia para llenar los titulares de la sección de farándula, los arrebatos esporádicos de gente mal intencionada, se tornan en intentos de hacerle daño a la mejor premiación que tiene la República Dominicana al artista criollo. Esos grupitos de sabichosos y perversos, se aprovechan de cualquier percance para aupar maledicencias y posiciones negativas contra ACROARTE.
25 años
No entendemos cómo todavía existen mentes cavernarias que no han sabido interpretar el respaldo que ofrece a ACROARTE y al premio Casandra, una empresa tan pujante como la Cervecería Nacional Dominicana, gran soporte que, por mucho tiempo, ha sido el guardián y el protector de este importante galardón. Tampoco tenemos idea de lo que pasa por la imaginación de esos trogloditas y envidiosos del triunfo ajeno, cuando se proponen enfrentarse con ACROARTE, la institución más sólida que ha tenido la República Dominicana en sus 25 años de ejemplar labor premiando al artista dominicano. Están totalmente errados. Por eso, les lanzamos un ramo de olivo a esos pobres individuos que sueñan con la disolución de ACROARTE y de esta gran obra.
Envidia
No estamos solos en este tránsito glorioso y, ¿por qué no?, en contadas ocasiones, tortuoso, que constituye salvaguardar la imagen pulcra, límpida y transparente de la premiación Casandra y de su Soberano. Por eso, más que envolvernos en discusiones estériles y en tergiversaciones improductivas que intentan opacar nuestra sensibilidad artística y nuestro orgullo de ser miembros de una de las premiaciones más pujantes de toda la historia, debemos hacer honor al nombre de la Soberana despojándonos de ofensas, vejaciones y egos mal dirigidos. Recordemos que La envidia está flaca porque mastica, pero no traga.
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