Siglo Estético
La competencia se ha puesto dura entre las mujeres de la televisión. No solo se apuesta al mejor vestido, o a una excelente dicción, o a un mejor desempeño en el escenario. El desafío traspasa las puertas del estudio de televisión y llega al consultorio de uno de esos especialistas que se encargan de corregir señales inequívocas de la edad, rejuvenecer rostros o quitar y poner partes del cuerpo, especialmente en aquellos lugares que provocan en los hombres profundos suspiros y deseos.
Pompis y pechotes
Las damas de la pantalla chica ya no quieren ser las mujeres de antes. La moda es sobresalir a la entrada y a la salida; por delante y por detrás. Las jóvenes quieren verse más jóvenes; las más entraditas en edad, quieren ser jóvenes, y las muy pasadas meridiano, también regresar al pasado.
Se les llama chicas bisturí. Los cirujanos plásticos son los aliados permanentes de estas chicas, a quienes acuden para llenar sus existencias y abultar sus figuras en zonas estratégicas de sus cuerpos.
Los pechos y las nalgas son el blanco de las presentadoras. Ellas saben que ambas regiones anatómicas despiertan el interés de cualquier mortal que se tropiece con ellas. De ahí que les sacan partido a lo poco o a lo mucho que lesproveyó la naturaleza. Y si Afrodita, la diosa del amor, de la lujuria,
de la belleza y de la sexualidad, fue avara al no obsequiarlas en abundancia, entonces ellas resuelven con su aliado, el cirujano, para
obtener lo que necesitan. Falso de toda falsedad El paradigma de este siglo, por lo menos para las mujeres que se dedican al espectáculo, es que debe haber por lo menos un buen ejemplar a cada lado de sus pechos, y una retaguardia bien dotada y proporcionada que despierte inquietantes pensamientos. Sin esos elementos adicionales o valores agregados, ellas entienden que no podrán estar a la par en el mercado competitivo, donde la mayoría de las mujeres muestran sus excesivos aditamentos postizos para ganarse los mejores elogios, la admiración de los hombres o la envidia o comentarios de las mujeres Lo malo de todo esto es que las cosas artificiales se notan a leguas.
Desde que una mujer es sometida a esta costosísima y arriesgada intervención, todo el mundo se da cuenta.
Si ellas mismas no son lo suficientemente sinceras como para revelar su gran secreto, siempre habrá un voluntario que destape la caja de pandora.

