La cultura y Cándido Gerón han hecho una alianza eterna. Este insigne poeta e investigador es un trabajador incansable, promotor de los valores históricos, culturales y artísticos dominicanos, que no desperdicia ni un ápice de tiempo en su labor intelectual y científica. En Gerón se advierte un insaciable apetito por descubrir la verdad intangible, a veces difícil de percibir a primera vista; la realidad que nos oculta el tiempo en cada uno de sus capítulos y los divergentes análisis que gravitan en los proceso significativo de nuestro devenir social, cultural, económico e histórico.
El exilio
La prolijidad se asentó en la prosa de Cándido Gerón y nunca más quiso abandonar su pluma creadora. En cierto modo, Gerón es un testigo pasivo de la historia dominicana, que nos revela episodios desde una óptica acuciosa y certera; leal y acoplada. En su obra se destaca un valioso elemento analítico que repercute en beneficio del producto literario y, por supuesto, aporta valor a la investigación. Juan Bosch ha recibido especial atención dentro de los trabajos bibliográficos de Cándido Gerón. Lógicamente, la figura de ese gran estadista dominicano, escritor y poeta de alto fuste, no puede pasar desapercibida frente a la pluma de este investigador, que hace lugar en su mesa de trabajo para dedicar ingentes esfuerzos a la recuperación de datos sobre el exilio del Prof. Juan Bosch, el golpe de Estado de 1963 y la participación de este político en la proyección intelectual de la época.
Hombre meritorio
En el plano de la producción literaria -inmensa y variada- de la que Cándido Gerón ha presentado evidencias, es un hecho que la herencia cultural e histórica que hemos recibido y que han de recibir las futuras generaciones de este poeta-escritor, abonará el terreno de muchos otros pensadores que recién comienzan a aflorar. El arte es un rubro que Gerón no ha descartado en su labor de investigación. La Enciclopedia de las artes plásticas dominicanas, los tres tomos de Siglo XX en las artes visuales dominicanas y Maestros de la pintura dominicana, engrosan el catálogo de publicaciones dedicadas a exaltar el arte visual dominicano y sus protagonistas. Nos parece interesante y, sobre todo, de inmenso valor cognitivo, que un autodidacta haya logrado un infinito caudal de conocimientos, práctica literaria y aplicación de métodos científicos con tanta certeza.

