De los muchos homenajes que ha recibido nuestro pintor Fernando Peña Defilló, sin duda que el que acaba de hacerle el laureado escritor Cándido Gerón debe ubicarse entre los más importantes, tanto por su forma como por su contenido. Gerón dedicó un libro de lujo de 222 páginas que contiene impresionantes reproducciones de su obra y un texto riquísimo, en español, inglés y francés, analizando el original estilo del más reciente ganador del Premio Premio Nacional de Artes Plásticas, otorgado por el Ministerio de Educación y dotado de 500,000 pesos. Al fundamentar el otorgamiento del galardón, el ministerio dijo que Peña Defilló «es un artista de compromiso permanente con la creación visual dominicana, creador de obras maestras del imaginario plástico dominicano que han significado hitos en la producción visual de nuestro país». Todos estuvimos de acuerdo con esa aseveración, como correspondía. El autor, quien cuenta con una larga trayectoria como escritor, periodista, historiador del arte dominicano y diplomático, define al eximio pintor, que estudió en España, como un artista completamente moderno porque su pensamiento tiene la dimensión del esplendor de la creación en sus formas y símbolos más importantes, agregando que durante su vida no ha sido vinculado a otra actividad que no fuese la de enseñar, investigar. En la obra de Peña Defilló se destaca la serie Las vírgenes, la que no se refiere necesariamente a una cuestión religiosa, sino a un aspecto más amplio. La serie de Las vírgenes expresa con toda claridad la suma de las energías humanas dentro del campo de las sensaciones apriorísticas y las categorías morfogenéticas del alma, escribe Gerón en el análisis de las pinturas de Peña Defilló, añadiendo que el propio Kant, en un contexto más amplio, explica: la variabilidad de esas categorías psíquicas, que han encontrado la expresión formal en la evolución del estilo, se manifiesta en cambios, cuya regularidad se halla determinada por el proceso primario de toda evolución histórica humana Peña Defilló, nacido en Santo Domingo en 1928, ha abierto vías y señalado cambios en el desarrollo de la pintura dominicana, desde la aplicación informalista, abstracción pura, sincretismo, nueva imagen y la simbiosis del lenguaje, señala Gerón.

