Los incesantes ataques de ayer de Israel en la Franja de Gaza, que causaron la muerte a 130 palestinos, en su mayoría civiles, suenan con más dramatismo la alarma sobre la necesidad de evitar un holocausto en la zona. En la ofensiva, en represalia por el secuestro y asesinato de tres estudiantes israelíes, más de 400 palestinos han perdido la vida. A Israel nunca se le ha regateado el derecho a la paz y la seguridad.
Pero la derecha nunca ha aceptado que ese derecho no puede ser a costa del exterminio de un pueblo. La mayoría de los caídos durante los ataques no son siquiera militantes de Hamás, sino civiles que han sido alcanzados en refugios, viviendas o huyendo aterrorizados hacia ninguna parte.
El jefe del Departamento de Estado, John Kerry, tiene, más que nadie, la misión de por lo menos conseguir aunque sea una tregua humanitaria para evitar más muertes en el Medio Oriente. Aunque también el secretario general de las Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, está en la zona, el gran peso por lo menos ante Israel lo tiene el diplomático estadounidense.

