En 1996, cuando Leonel Fernández asumió la jefatura del Estado, afirmó que su antecesor, el dictador ilustrado Joaquín Balaguer, había dejado un esqueleto de país, pero no hizo nada para mejorar la situación de los dominicanos. Por su mala gestión, Hipólito Mejía lo desplazó, ganando en primera vuelta en el año 2000.
Durante la gestión del candidato del PRD, hubo un buen desempeño en la administración pública. Hay que admitir que el último año del gobierno de Hipólito, tuvo sus contratiempos, principalmente por la crisis bancaria, arrastrada por anteriores períodos y por el alza de la prima del dólar, inflada por agentes conspiradores.
En los últimos 8 años, las cosas han empeorado al extremo de que la gente está ansiosa por un cambio. El desastre se evidencia con un marcado deterioro de las instituciones.
Un estudio de Visión Mundial, organismo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), revela que el 10.2% de la población dominicana padece hambre, solo superado por Haití, y el 10% de los niños de 0 a 5 años en algunas provincias del Sur padecen de anemia leve o crónica.
Hipólito dejó una baja deuda pública. De acuerdo con el Foro Económico Mundial, el PLD y su presidente la aumentaron en 17 mil millones de dólares y encaramaron la nación en el puesto número 140 en corrupción administrativa, de 142 evaluados.
En resumen, la deuda pública en el 2004 era de 89 mil 434 millones; y en el 2011 se situó en 248 mil 652 millones. La nómina del Estado era de 28 mil 131 millones en el 2004; y el PLD la subió a 78 mil 101 millones. Los números reflejan que la economía dominicana iba bien cuando Hipólito dirigió la cosa pública.

