LILLIAM FONDEUR
Es obra de Dios que en el Vaticano, el arzobispo Rino Fisichella, presidente de la Pontificia Academia para la Vida, haya defendido la interrupción del embarazo en una niña brasileña de 9 años, violada por su padrastro, y criticado al obispo que en Brasil decretó la excomunión de la madre de la niña, por inducirla a realizar dicha interrupción, y al equipo médico que la ayudó a hacerlo.
En un excepcional artículo publicado en el periódico oficial del Vaticano, LOsservatore Romano, monseñor Fisichella argumentó que hay que tener un sentido de misericordia en tales casos y respeto por la dolorosa decisión de los médicos católicos, dando así esperanza a la lucha en nuestro país por despenalizar en aborto en condiciones específicas.
República Dominicana pertenece al minúsculo grupo de los únicos cinco países del mundo, donde una niña de 9 años, incestada o violada, tiene que poner en riego su vida por un embarazo, o simplemente cargar con el calvario.
En este pedazo de isla pedimos poder frenar el embarazo, en caso de ser este producto de una violación o incesto, cuando es un producto malformado, o cuando el embarazo ponga en peligro la vida o la salud de la madre. ¿Es mucho pedir? ¿No les parece a las y los legisladores un acto de humanidad?
Las mujeres en condiciones de riesgo que no deseen interrumpir el embarazo pueden decidir continuar con el mismo, no pedimos que aborten. Aquellas que no les apetezca poner en peligro su salud, tienen el derecho a una vida sana y digna, sin importar sus condiciones económicas.
La contradicción es aparente, sabemos que nuestro interlocutor no es la iglesia, si no el Estado. La ciudadanía aspira a una Reforma Constitucional basada en un debate racional, democrático, científico, respetuoso de los derechos humanos, de los acuerdos internacionales de los cuales nuestro país es signatario.
En un país carente de institucionalidad, con poco desarrollo político, donde los dirigentes de los partidos se caracterizan por su genuflexión a una iglesia con colosales poderes, que no se corresponden con un Estado laico, debemos festejar la opinión de monseñor Fisichella al defender la vida de una niña de 9 años por encima de un grupo de células.

