POR LILLIAM FONDEUR
Aunque para algunas mujeres jóvenes las duchas vaginales resultan fósiles, les recuerdan a sus abuelas, para las mujeres que visitan nuestras maternidades es todavía un instrumento de higiene intima.
Estas duchas son la principal causa de infecciones vaginales, me refiero a flujo vaginal (leucorrea) en mujeres embarazadas, según estudios realizados en las maternidades de Santo Domingo.
De forma equívoca e inclusive paradójica, las duchas vaginales se utilizan con la intención de lavar la vagina con agua o cualquier otra solución. Muchas mujeres piensan que la vagina no debe tener ningún aroma natural y quieren acabar con éste mediante polvos, jabones perfumados, desodorantes, tampones aromatizados, y todos los supuestos aparejos para la higiene íntima femenina. También lo hacen con la finalidad de lavar la sangre de la menstruación o el semen después de la relación sexual.
No se recomiendan las duchas vaginales, su uso cambia el Ph vaginal (grado de acidez y alcalinidad), alterando la flora bacteriana natural que te protege de infecciones. Por lo tanto, la vagina es más susceptible de contraer infecciones vaginales, que en el peor de los casos se pueden extender al útero, trompas y ovarios, provocando procesos pélvicos inflamatorios, obstrucción de las trompas, infertilidad.
Las mujeres que usan duchas vaginales son más susceptibles de sufrir irritación, prurito (picazón), enrojecimiento del área de la vulva, y enfermedades de transmisión sexual, entre otras.
Cuando una mujer con infección vaginal se introduce una ducha para limpiar la vagina, puede empeorar su cuadro y extender la infección hasta el útero. Tampoco esta indicado después de tener relaciones sexuales, como método anticonceptivo. Los espermatozoides nadan tan rápido que ninguna ducha vaginal los puede aniquilar. Por el contrario, sí puede crear una infección que en el peor de los casos provoque infertilidad.
En la mujer embarazada las infecciones vaginales puede producir amenaza de aborto, parto prematuro, e inclusive muerte de la criatura. Toda embarazada debe tener un chequeo ginecológico.
El preludio de muchas de las enfermedades de las y los dominicanos es la falta de educación, el divorcio del ser y su cuerpo. Desconocimiento total de sus órganos reproductores.
Nos urge invertir en educación, en salud, en salud sexual y reproductiva para evitar enfermedades prevenibles. El record mundial de una abuela de 26 años en nuestro país, reportado por el director regional de Unicef para América Latina y el Caribe, Nils Kastberg, no es un record mundial que ningún país se disputa. Son los frutos de nuestra inversión en educación y salud. Se necesita más compromiso.
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