Una cosecha de cadáveres de mujeres en el presente y en el futuro
La cifra de mujeres asesinadas ha aumentado, en el primer semestre del año daba la impresión de que mataran una por día. En las últimas semanas, a partir de los feminicidios reportados por la prensa, cada día dos mujeres caen estranguladas, quemadas o bajo el hacha, el cuchillo, la bala, o los puños de quien dice o pretende amarla.
El feminidicio es la principal causa de muerte en nuestro país, superan las muertes por el cólera, el VIH, la tuberculosis, el dengue, la malaria, los cuestionables intercambios de disparos, las balas perdidas, o por accidentes de tránsitos. La respuesta del estado para erradicar la epidemia de mujeres asesinadas ha sido tímida, muy tímida, demasiado tímida. El Gobierno, el Congreso, la Justicia y los Partidos Políticos ante la evidencia, parecía no importarles las muertes por violencia de género.
Las cifras oficiales y su subregistro, no cuentan las mujeres que mueren en los hospitales a causas de violencia, las niñas violadas y asesinadas, y las lapidadas sin vinculo conocido; estas no tienen derecho a la vida, ni a engrosar las estadísticas.
Las y los huérfanos de esta violencia es la repercusión agregada que no evidencia la Fiscalía. Cerca del 80 por ciento de los niños, niñas y adolescentes, sobrevivientes viven en una grave situación, psicológica, social y económica. El asesino al arrebatarles la madre, los deja en un mundo sin protección. El Estado dominicano no es responsable de sus ciudadanos, ni tan siquiera de estos niños y niñas desamparados.
Si se tolera esta pandemia social, ¿de qué nos ha servido considerar la violencia como un problema de discriminación, de salud, y una violación a los derechos humanos?
Las muertes por violencia hacia la mujer crecen ante los ojos de una sociedad, un estado, y un Gobierno ciego y permisivo antes estos crímenes. Así lo testimonia la riada de sangre inocente, que pálidas cifras oficiales quieren medir.
Para enfrentar esta epidemia perfectamente evitable, que mata cientos de mujeres al año, es indispensable romper con un conjunto de nudos que impide que la mujer preserve su vida después de denunciar a su agresor o separarse de su pareja por los maltratos recibidos.
Si no se definen y aplican políticas de estado con rigor en defensa de la vida de las mujeres, la pandemia social continuará siendo un problema intergeneracional.
Parafraseando a Edwin Ruiz: Estamos frente a una cosecha de cadáveres de mujeres en el presente y en el futuro.
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