: El cuerpo es el instrumento con que tocamos la vida
Con la llegada de la menarquia se le fue la vida, a sus trece años interrumpió su infancia y con ella terminaron sus sueños. Desde los nueve años el vecino la obligaba dejarse penetrar, si se oponía le decía que mataría a su mamá. Milagritos Muñoz murió en la sala de emergencia de la Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia, después de intentar interrumpir su embarazo con los métodos más inhumanos posibles. Llegó sangrando, volando en fiebre y mucho dolor, le dijeron a su madre: Es un aborto séptico.
Del otro lado del mundo, otras mujeres tienen mejor suerte. Gracias a la movilización de la prensa internacional, a medio mundo ha indignado la condena a morir lapidada a una mujer acusada por adulterio, tras recibir 99 latigazos. Irán no tuvo más remedio que anunciar la suspensión de la ejecución de Sakineh M. Hastían. La campaña internacional para salvarla ha irritado sobre manera a las autoridades iraníes. El presidente de la Comisión Europea, José M. Barroso, tachó esa condena contra Ashtianí de «barbárica más allá de las palabras».
Por obligarlas a ser madres antes de ser mujer, la muerte de niñas en Dominicana no es noticia. Otros podrían alegar que ellas se lo buscaron. Para acotar similitudes, llama la atención como irrita a las autoridades eclesiásticas y muchos políticos el qué defendamos el derecho de las niñas a no ser madres, a no mutilar su niñez, a no lapidarles la vida. La mortalidad materna es una epidemia silente que mancha el prestigio del Mónaco del Caribe. Dentro de estas muertes las niñas y adolescentes representan más del 40 por ciento. La maternidad no es un juego de niñas.
Reducir el hambre en el mundo debería ser la agenda principal de las autoridades. Según el Programa Mundial de Alimentación de las Naciones Unidas, 24,000 personas mueren cada día de hambre, sin embargo los países que violan los derechos humanos se dedican a controlar el cuerpo de la mujer, reconocen el cuerpo como espacio político y se consagran a vigilarlo. En nuestra cultura el cuerpo de la mujer nace culpable y destinado al sacrificio, ese pecado capital se sustenta en el miedo.
La prensa ha protegido la vida de Sakineh, pero en nuestro país, sepultada por el silencio, Milagritos y muchas más niñas mueren cada día. Para las autoridades la interrupción del embarazo es imposible de aceptar, porque lo consideran políticamente inconveniente, aunque por esta prohibición mueran niñas y mujeres pobres. Quizás crean que no importa, porque en definitiva son las hijas de nadie. DiagnosticoRD.com

