El doctor Leonel Fernández con el protagonismo cuasi patológico que le caracteriza, tan pronto fue destituido su homólogo Fernando Lugo en Paraguay, se puso el disfraz de demócrata con la intención de congraciarse a nivel internacional. La advertencia sobre un supuesto riesgo de contagio bien podría ser un intento de intimidación contra el Lic. Danilo Medina. No obstante, el Presidente entrante no muere de ese susto.
Consciente de la naturaleza locuaz del saliente titular del Ejecutivo, el licenciado Danilo Medina optó por el silencio estratégico. La razón de su decisión resulta obvia, por cuanto Leonel, con su espontánea declaración, prácticamente se incrimina. El interés cínico por reafirmar su impronta a menos de un mes para que pase su carnaval, lo denuncia.
¿Quién si no él, tendría la posibilidad, aún con la temeridad que conlleva la aventura de pretender repetir la indigna experiencia del país suramericano, si hasta tiene en la persona de su abnegada y benemérita esposa al Federico Franco ideal, dejando al desnudo su maquiavélica intención sucesoral? En los regímenes presidencialistas como el nuestro, todo es posible.
Ahora bien, lo peligroso de tener todas las posibilidades es que, cuando uno menos lo espera, se queda sin ninguna. Eso regularmente sucede cuando el poder que se cree tener, embriaga, y por ende, se quiere correr más que la bola. Sin pretender ser oráculo de Delfos, pero mucho menos de Walter Mercado, pienso que la megalomanía de Leonel, será su Talón de Aquiles.
Si algo tiene bueno el presidencialismo, es que le da al que ostenta la investidura la oportunidad de hacerle saber al que sustituye que las cosas no serán como él quiso que fueran, sino como él entiende que deben ser. De modo, que lo conveniente para Leonel es quitarse definitivamente del medio para que no lo arrolle el carro del cambio seguro
