Rechazo los golpes de Estado y todo tipo de secuestro de la voluntad popular, venga de donde venga, creo que desde el seno de mi madre. Pero, quizás con más acierto, desde mis siete años de edad, las Navidades del año 1936.
Mi padre llegó tarde a mi casa. Se quito el saco y la corbata y le dijo a mi madre: «Prepárame un baño con agua caliente y una sopa ligera que me voy directamente a la cama. Y que no me pasen ninguna llamada, ni del Presidente de la República…
Después del baño, no se había todavía sentado a la mesa, cuando oyó a mi madre: «Te llama Miguel».
Miguel era el doctor Miguel Mariano Gómez Arias, Presidente de la República de Cuba y mi padre el doctor Manuel Dorta Duque, Ministro de Hacienda.
Miguel era hijo del ex-Presidente de la República valiente general (civil) de la Guerra de Independencia, José Miguel Gómez y Gómez, Presidente y caudillo popular del Partido Liberal al que dio lustro el generalísimo Máximo Gómez.
Mi abuelo Juan Dorta y Alonso, inmigrante canario, era socio en negocios de ganado vacuno y amigo fraterno de José Miguel.
EI Partido Liberal programaba, desde 1902, entre otras consignas, el voto de la mujer, la autonomía de la Universidad de La Habana, la libertad de asociación y de expresión y los derechos humanos como se estableció después.
El Presidente Gerardo Machado y Morales, General (civil) de la Guerra de Independencia había sido electo también por el Partido Liberal. Forzó la prorroga de poderes y su reelección lo que produjo la revolución en su contra y lo que se llamó «la mediación» de la embajada americana.
Mi padre represento a la Universidad de La Habana en «la mediación».
EI embajador de los EE. UU,» Sumner Welles, le pidió la renuncia a Machado quien abandonó Cuba el 12 de Agosto de 1933.
El 4 de septiembre del mismo año un «sargento llamado Batista» ante el vacío de poder militar y la debilidad del poder civil sin elecciones, asumió la jefatura del Ejército.
En estas condiciones fue electo y tomo posesión de la Presidencia de la República el doctor Miguel Mariano Gómez, quien por su gran popularidad, habia sido electo Alcalde de La Habana dos veces.
EI lema principal de campaña de Miguel Mariano demandaba enfáticamente la vuelta a la «civilidad» en velada oposición al «militarismo» de Batista quien aceptó, taimado, la abrumadora elección presidencial.
Pero poco después el coronel Batista introdujo en el Congreso recién electo un proyecto de creación del Instituto Cívico Militar para extender la enseñanza formal a la juventud rural de todo el país.
Presentado el proyecto al Congreso, Batista maniobró con todo su poder militar y promesas deleznables hasta hacerlo aprobar. Cuando el proyecto, convertido en Ley, llegó a manos del Presidente Gómez este lo vetó.
Ante todo por el potencial de corrupción que significaba situar esos miles de millones de pesos a disposición del Jefe del Ejército sin control del Poder Civil y Constitucional.
Y, además, porque significaba hasta cierto punto la militarización de la juventud rural a la usanza fascista y nazista que se iniciaba en Europa.
Indignado Batista, enfiló de nuevo sus consabidos cañones, apertrechados de las más sólidas promesas y las más intranquilizadoras amenazas, contra el Congreso Nacional.
En seguida, la Cámara de Diputados formuló un juicio político ante el Senado quien destituyo al Presidente Gómez Arias el 27 de diciembre de 1936.
Las bases del Partido Liberal prestaron su apoyo a Gómez dando la espalda a sus dirigentes miembros del Congreso.
Todas las baterías de la revolución contra Machado, todavía intactas, apoyaron al Presidente Constitucional. Oficiales retirados de las Fuerzas Armadas y sargentos ávidos de ascensos fortuitos, también.
La Embajada de los Estados Unidos se solidarizó con el Presidente.
Pero Miguel Mariano Gómez, quien era un patriota e hijo de patriotas, descartó un derramamiento inútil de sangre cu bana y opto por la paz.
Cualquier similitud de este relata con personas o hechos reales es mera coincidencia.

