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Goyito a  40 años de su  asesinato

<P>Goyito a  40 años de su  asesinato</P>

El 28 de marzo de l973 cayó asesinado por órdenes de uno de los dos grupos militares que el presidente Joaquín Balaguer consintió formar como una estrategia maquiavélica de “divides y vencerás”, el esclarecido periodista Gregorio García Castro (Goyito), en ese momento, jefe de redacción del desaparecido vespertino Ultima Hora.

Los dos grupos militares en una disputa por la supremacía referencial del gobernante la lideraban el mayor general EN Neit Rafael Nivar Seijas, jefe de la PN y conformada por los generales Marco Jorge Moreno y José de Jesús Checo, y la contrapartida la presidía el mayor general EN Enrique Pérez y Pérez, contralmirante Ramón Emilio Jiménez Reyes (Milo) y el mayor general FAD Salvador Lluberes Montás (Chinino)

Fueron estos generales a los cuales el país giró la  mirada cuando Goyito cayó asesinado de varios disparos hechos por el segundo teniente PN Juan Marías Arias Sánchez, produciéndose el hecho de sangre que consternó a la ciudadanía en la calle Mercedes, frente al parquecito Salomé Ureña, a escasos 200 metros del local donde operaba Ultima Hora, en la esquina de las calles Salomé Ureña con l9 de marzo.

Goyito fue llamado por alguien a quien nunca se ha conseguido identificar, a Ultima Hora, a eso de las 8:45 pm, una hora desacostumbrada para laborar un vespertino, posiblemente sonsacándole para tratarle algo de sumo interés, y a pesar de saberse acechado y amenazado, inexplicablemente Goyito salió de Ultima Hora, dejando las luces encendidas, la puerta abierta y su saco amarillo puesto en el espaldar de su sillón.

Vestía impecable siempre.

A las ocho de la noche, es  decir 45 minutos antes, llamé a Goyito para recordarle que los dos teníamos una cita en el hotel Naco, ya demolido, con el ganadero seybano Miguel Castro Valdez, y me respondió que fuera solo porque tenía una docena de despachos de corresponsales que debía corregir y titular.

Le respondí que los dejara para el día siguiente, que  no trabajara horas extras sin remuneración, pero insistió en seguir su labor.

Era frecuente en Goyito hablar por teléfono pegado al hombro derecho, escribir algo que no tenía relación con lo que hablaba, sostener una conversación conmigo sentado frente a su escritorio y escribir algo diferente a lo que escuchaba por teléfono y de su interlocutor. Increíble, pero cierto,y era una connotación no solo de su gran talento, sino su capacidad de diversificar y controlar los espacios, el tiempo y los temas unísonos por separados.

En varias ocasiones le insté cuidarse y lo  mismo transmití al general Nivar Seijas, respondiéndome que a un amigo suyo no era posible asesinarlo, sugiriédole asignar escolta a Goyito, que éste rechazó.

Tambien repetí a Goyio el peligro de enredarse en las patas de los caballos de la porfía  militar, y tampoco me hizo caso, y yo opté por cordializar y acecar a los dos grupos, y aunque si n resultados, empero, sobrevivirlos.

Al drama terrible de su crimen se añade que Goyito no militaba al momento de su  muerte atroz en ningún partido político, y su asesinato no ha resultado aclarado del todo, y sus autores intelectuales, como el caso también desgarrador de Orlando Martínez, no han sido juzgados ni condignamente condenados.

El Nacional

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