Página Dos

Gracias a las lluvias

Gracias a las lluvias

La lluvia no solo paga su daño, como se decía en una época en que se le consideraba el mejor aliado del campo, sino fuegos tan intensos como el de Valle Nuevo, Constanza. Desde el 18 de julio, cuando comenzó, vastas extensiones de pinos fueron consumidas, con el temor de que el incendio se tornara incontrolable. Pero comenzó a llover y el siniestro, que evidenció la carencia de equipos y recursos para lidiar con fenómenos de esa dimensión, tendió a ceder.

Gracias a un torrencial aguacero, el fuego se había reducido en las últimas horas a su mínima expresión y toda la población ha experimentado un momento de alivio. Las brigadas que habían batallado contra el voraz incendio, que se dijo fue provocado por un rayo, comenzaron a abandonar la zona, con la seguridad de que el siniestro estaba controlado.

Las lluvias, como en otro tiempo para el aparato productivo, fueron una bendición para la foresta y la salvación de las llamas de un parque nacional.

El Nacional

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