Leandro Guzmán, quien falleció el sábado a los 89 años de edad, fue un ejemplo de integridad como ciudadano y político. Desde que abrazó la lucha contra la dictadura de Trujillo, por lo que guardó prisión y sufrió fuertes torturas, se mantuvo leal a sus principios, sin claudicar siquiera un ápice.
Renunció hasta al derecho de una merecida pensión, que necesitaba para satisfacer necesidades, por desacuerdo con el procedimiento para otorgársela. Leandro, quien honró las páginas de El Nacional como columnista, fue de los fundadores del Movimiento 14 de Junio, del cual fungió en sus inicios como tesorero.
Estuvo casado con María Teresa Mirabal, una de las tres hermanas asesinadas por la tiranía de Trujillo. Con su muerte desaparece un ciudadano respetuoso cuyo aporte y sacrificio en la lucha por las libertades y el bienestar de la nación están entre sus mejores legados.

