Opinión

Gratitud y la política

Gratitud y la política

Ramón Rodríguez

No recuerdo de que autor haber leído: »que invertir en un político ingrato es como perfumar a un muerto, quien nunca lo agradecerá». Es innegable que en el campo de la política, las relaciones de poder traen consigo luchas de élites que justifican el concepto de política en su carácter de ciencia.

Ahora bien, los políticos profesionales, independientemente de los enfrentamientos inevitables que genera la lucha por el poder, deben de asumir una actitud responsable con la nación que dirigen o aspiran dirigir.

Los presidentes Danilo Medina y Leonel Fernández, por su condición de ser parte de la historia, tendrán más temprano que tarde, valorar la fragilidad de la democracia dominicana y entender, que aunque sientan la presión de personas influyentes y el apoyo de sus seguidores, el mínimo resquebrajamiento del PLD, como entidad política de primer orden en el país, pone en juego muchas cosas: algunas que ven y otras que no se ven, como decía Juan Bosch, recordando al apóstol: José Martí.

Para los hombres, cuyos comportamientos serán estudiados por las futuras generaciones, el costo de sus errores a pagar, nunca será a corto plazo, sino con el juicio de la historia. De ahí que tanto Leonel como Danilo, deberán de obrar con alto sentido de la historia.

El ejemplo más ilustrativo, es la felicidad y el orgullo que exhiben los descendientes del profesor Juan Bosch, pues reciben el respeto de un pueblo que reconoce el patriotismo y amor de Don Juan por su pueblo.

Este momento no es para aduladores, sino para quienes tengan conciencia, de que la mínima pifia del partido en el poder, repercute en más de 10 millones de dominicanos. Yo recuerdo que en los enfrentamientos entre el danilismo y el leonelismo en el 2008, el hoy presidente Danilo Medina, decía: » compañeros, yo les pido, por favor, por favor, que todo lo relacionado con el compañero presidente, Leonel Fernández, déjenme tratarlo a mí».

El presidente Danilo Medina entendía inteligentemente, que no podía indisponer a quien tenía la llave del Palacio Nacional y por eso, hizo lo posible para evitar ofensas innecesarias.

El Nacional

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