Las consecuencias del terremoto en Haití, recuerdan que mujeres, niños, niñas, personas adultas mayores y personas discapacitadas, se convierten en los grupos humanos más vulnerables en el mañana de estas tragedias, y cualquier apoyo a las personas sobrevivientes, debe tenerlo en cuenta.
Desde el 22 de enero, la Unicef denunció que al menos 15 niños fueron raptados de hospitales en Haití tras el terremoto, denuncia corroborada por el primer ministro Jean-Max Bellerive. También preocupan las violaciones sexuales a mujeres, niñas y niños, denunciadas por la Policía de Haití y por las ONG de mujeres haitianas, refiriendo los primeros ataques en Cité Soleil, ya extendidos a otros sectores de la destruida Puerto Príncipe.
No hay cifras disponibles en un país donde instituciones y organizaciones de la sociedad civil quedaron descabezadas.
Hay numerosos desplazamientos y separaciones de personas, acentuando la vulnerabilidad de familias encabezadas en un 43% por mujeres, una realidad que Magaly Pineda y Sergia Galván, feministas dominicanas, describían en una carta electrónica enviada diciendo la mucha dificultad con la que se estaban empezando a desarrollar medidas en Haití para proteger a niñas y mujeres que sufren abusos y violaciones, agresiones que se producían antes del terremoto, pero que ahora se acentúan. Muchas niñas deambulan todavía por Puerto Príncipe, sin saber qué hacer, sin familia. Muchas mujeres, instaladas en esa especie de campos de refugiados que se han formado tras el terremoto, se exponen a graves situaciones de riesgo, por la falta de intimidad y de protección. Tampoco existe seguridad, ni comisarías, sólo soldados.
A esto se agrega la cantidad de amputaciones, consideradas un exceso por diferentes profesionales de la medicina que denuncian como fracturas simples de miembros terminan en amputaciones, cuando podrían curar. Mientras, otros/as médicos/as en las zona, aluden una medicina de guerra, señalando la obligación de realizar amputaciones en centenares de pacientes cuyas extremidades han sido aplastadas o corren riesgo de gangrenarse debido a infecciones.
Por todo eso, ONG del mundo, se pronunciaron por aplazar la adopción de niñas y niños en Haití, hasta que puedan ser identificados/as con sus familias, evitando el riesgo de convertirles en víctimas de explotación o trata, recomendando a los grupos de auxilio en los refugios y lugares similares, a tomar muy en cuenta esta situación.
Haití es un espejo para mirarnos. Es una realidad que obliga un alerta en nuestras conciencias. Es una vivencia de emociones traumáticas para la mayoría de ese pueblo: mujeres, niños, niñas, envejecientes, personas con alguna discapacidad. ¡Que nadie se olvide!

