Ni siquiera las sociedades más racionales, aquellas en que la libertad de pensar y actuar no está sujeta a condicionamientos, están exentas de la irracionalidad a que conduce la pasión. Al cantautor Juan Luis Guerra se le ha querido crucificar por su participación en el concierto de Cúcuta, Colombia, patrocinado por el multimillonario inglés Richard Branson, a beneficio del pueblo venezolano.
Solo ha faltado que por cantar en un espectáculo catalogado por el presidente Nicolás Maduro como una agresión imperialista a alguien se le ocurriera convocar a un boicot contra las canciones del director de 4-40 o a quemar sus producciones en algún parque de la ciudad.
Las simpatías políticas de Juan Luis hay que respetarlas de la misma manera que las razones por las que participó en el concierto organizado con el propósito de recabar recursos para ayudar con alimentos y medicinas a los damnificados de la crisis venezolana. No he visto opiniones del compositor y cantante sobre los problemas de la patria de Bolívar, pero la ternura de sus canciones me basta para asumir que su actuación no la motivó el dinero.
Y puede darse incluso por descontado que ese Juan Luis que tan dignamente representa a su tierra está en desacuerdo con una intervención militar o con alguna salida al conflicto que se aparte de la civilizada.
La realidad es que el Gobierno de Venezuela ha desatado una ofensiva mediática para confundir sobre la crisis que ha creado. Por su pasado y presente es cómodo acusar al Tío de defender intereses espurios y no causas justas, pero las presiones para que en Venezuela se respete el orden institucional no provienen solo de Washington ni responden a ninguna estrategia para apropiarse de sus recursos.
Quienes hasta de buena fe le hacen coro a Maduro pierden de vista que las grandes fortunas de hoy no están relacionadas con el petróleo ni la minería, como en los tiempos de los Rockefeller o de los miembros del club descrito por Kennedy. Bill Gates, Jeff Bezos y otros pudieron crear sus imperios sin esos recursos que se dice quiere Estados Unidos espolear a Venezuela
El régimen de Maduro ha sido desconocido por la comunidad internacional por violaciones al sistema democrático. Hay que recordar siempre, para refrescar la memoria, que la crisis no comenzó con la farsa de mayo del año pasado, en la que los principales líderes opositores estaban en prisión o en el exilio y se inhabilitaron partidos políticos.
La crisis comenzó tras las votaciones de 2015 cuando el oficialismo pierde el control de Parlamento, pero a través de maniobras perversas arrebata la victoria a la oposición.
Cantar para recaudar fondos para los venezolanos enaltece a Juan Luis. Y más todavía si fuera por la libertad.

