La semana pasada el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció la imposición unilateral de aranceles a la importación de acero y aluminio, lo que fue recibido con advertencias de aranceles retaliatorios por parte de China y la Unión Europea. Como bien dijera el Presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, todo esto es una estupidez, pero no deja de ser una estupidez bien peligrosa considerando las conocidas consecuencias de las guerras comerciales.
El razonamiento detrás del arancel sobre el acero y el aluminio es proteger esas industrias dentro de los Estados Unidos cobrando un 25% y 10% respectivamente a las importaciones de estos. Esas industrias emplean un poco menos de 150,000 personas en ese país, una cifra que ha venido en constante baja desde mediados de los 60s en la medida que la economía americana se ha ido orientando hacia los servicios.
Lo que el razonamiento anterior no toma en consideración es que esos aranceles impactarán la base de costos de todas las industrias que emplean acero o aluminio en su producción, desde aviones y vehículos de motor hasta productos enlatados, toda una sección de la economía americana que actualmente emplea más de 17 millones de personas, y ni hablar sobre todos los consumidores (el total del país). Todo lo anterior, antes de tomar en cuenta los aranceles retaliatorios de los demás países.
Nada de esto es nuevo, en el 2002 George W. Bush hizo algo similar al imponer aranceles de entre 8% y 30% sobre el acero, como medida “temporal de salvaguarda” para reducir las importaciones. No obstante que los aranceles de Bush eran más limitados y contaban con múltiples excepciones, los resultados fueron predecibles, alrededor de 200,000 puestos de trabajo se perdieron, las principales industrias manufactureras se vieron afectadas por una escasez de acero y retrasos en sus pedidos, los precios aumentaron y la economía americana fue impactada negativamente. Un año después, luego de perder su caso ante la OMC, y al verse ante la posibilidad de que la UE iba a ripostar con aranceles sobre bienes producidos en Estados claves para las elecciones, Bush reversó la medida.
Hoy en día cerrarse al comercio internacional o iniciar guerras comerciales no son alternativas viables como estrategias para fortalecer industrias locales, ya que el mundo actual está demasiado interconectado y las cadenas de producción están, en gran medida, globalizadas. Las consecuencias de la medida del Presidente Trump serán bastante predecibles, la pregunta es que tanto se escalará el intercambio de aranceles y que tanto daño provocará a la economía mundial hasta tanto todos vuelvan a sus sentidos.

