La primera derrota en una guerra la sufre la verdad, luego la libertad y posteriormente la justicia, que se convierten en palabras sin ningún sentido práctico; como la democracia, que no es más que un instrumento político que sirve para engatusar a esa inmensa masa de personas, sin ojos y sin celebro, que le impide ver y pensar, y ver más allá de sus propias narices.
Aunque su puesta en práctica tiene siglos, la guerra sicológica, previa a la acción militar, fue desarrollada por Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, “a través de la confusión mental, la contradicción de los sentimientos, la indecisión, el pánico” que produce miedo a lo peor para provocar, como algo natural y hasta beneficioso, la acción militar, como ha sucedido en muchos países y como está ocurriendo en Venezuela.
Los estrategas militares de Estados Unidos de la actualidad han estudiado y desarrollado todas las técnicas de la guerra sicológica contra pueblos del Medio Oriente, África y América Latina, principalmente.
La comunicación masiva a través de las redes sociales, cadenas de televisión y agencias de prensa globales, casi al unísono, repiten sus mentiras miles de veces hasta convertirlas en verdades que atentan contra la inteligencia, incluso contra el más común de los sentidos. Venezuela es un buen ejemplo.
Como lo fue Chile durante el gobierno constitucional de Salvador Allende. Aún resuenan en mis oídos los “cacerolazos” de las damas “petulantes”, la escasez de alimentos, la campaña mediática, el golpe de Estado, de Pinochet, los apresamientos, las torturas y los asesinatos masivos sin que la OEA se pronunciara.
rimero la guerra psicológica; después el golpe de Estado. Lo mismo ocurrió en nuestro país durante el gobierno constitucional de Juan Bosch, en 1963. La oligarquía, la Iglesia católica, la prensa, la difamación y la injuria, el desabastecimiento, etc., hasta el golpe de Estado que terminó en una guerra cívico-militar que no triunfó por la invasión estadounidense, tronchando así los anhelos de libertad, justicia y democracia del pueblo dominicano.
La manipulación y la desinformación se convierten en un arma tan poderosa que es capaz de aniquilar la conciencia de los pueblos políticamente retrasados. La guerra sicológica termina anestesiando la mentalidad ciudadana. (No en balde la gente repite todo cuando dice CNN y otras cadenas de televisión sobre Venezuela y Nicolás Maduro sin detenerse a pensar, a reflexionar; despojada de todo sentido crítico, sin preguntarse siquiera el porqué de las cosas).

