Guido Gómez parecía tener ganada la secretaría general del PRD. Esa circunstancia concitó preocupación en quienes han trazado la ruta que ese partido debe transitar para la recuperación del poder quienes, al unísono, dominan sus estructuras. Ahí se inició la tragedia del dirigente político porque sus adversarios consideran que constituye un obstáculo para el desarrollo exitoso de la estrategia planteada.
Ante la imprevista realidad, que tiene como distintivo la penosa candidatura de Orlando Jorge, -con la cual quedará estigmatizado, quizás para siempre, aun ganando, como un político desprovisto de autonomía de vuelo y supeditado a los antojos de intereses dominantes-, el aspirante delineó los elementos a partir de los cuales reaccionaría ante la avalancha que le vino con el propósito de impedir su victoria.
La esencia de su mecanismo de defensa consistió en afirmar que en el PRD se estaba produciendo una confrontación entre dos visiones partidarias. La liberal, que él encabeza y la conservadora, enarbolada por sus competidores. Desde nuestra perspectiva, de esa forma selló su derrota.
Imposible que pueda desligarse de la impresión de que está aferrado a una argumentación coyuntural y, por ende, oportunista, con la explicación ofrecida. Difícil asimilar que, de pronto, sea el buque insignia de una corriente de pensamiento liberal cuando, en las horas definitorias del poder, en las que tuvo roles protagónicos, no se escuchó su voz disidente de las conservadoras políticas públicas de su gobierno.
Olvida que, al presentar su candidatura como delimitadora de dos caminos, y estando Miguel Vargas ubicado en la acera de enfrente, se auto designa como un ente de conflicto que lo enfrentaría, no sólo al presidente de la organización, con las consecuencias que eso implica, sino a las grandes masas del partido de donde tendría que obtener los votos para triunfar.
La población perredeísta ha logrado ilusionarse con la posibilidad del retorno a Palacio y ese anhelo lo visualiza a través de un proyecto que valora como exitoso y que encarna el ingeniero Vargas. En consecuencia, vería con malos ojos lo que se exprese como contradictorio de ese modelo de triunfo porque le asignaría la perversidad de erigirse en un obstáculo para alcanzar la meta vital.
Guido, con ingenuidad, consolidó los argumentos que intentan impedir su victoria. No son sus oponentes que han insistido, él lo ha dicho: Representa una melodía distinta a las campanas que repican en la torre perredeísta y eso, lo aísla del festín.

