El doctor Peña Gómez fue el candidato presidencial del PRD en 1990, pero apenas obtuvo un 24%, debido a la división y porque la JCE decidió asignarle la sigla faltando seis semanas para el certamen. Y Jacobo Majluta, que encabezó la boleta del PRI, alcanzó un 7%.
Si se suma el 7 al 24 el resultado es un 31, número distante al 39 que sacó el PRD en el 1986 y al 42 alcanzado por Jacobo en su alianza con La Estructura. Del 31 al 42 hay una diferencia de 11 puntos. ¿Dónde fueron a parar? ¿Y los nuevos votantes, por quién sufragaron en 1990?
Es fácil deducir que esos sufragios se emitieron por Juan Bosch. Bosch sacó en 1990 un 34%, después de obtener solo un 18 en 1986. ¿A qué atribuir ese repunte? Al voto de perredeístas que, con la división, observaron que Peña ni Jacobo tenían posibilidades.
Traigo la historia a colación porque no se descarta que Guillermo Moreno, individualmente la tercera fuerza en los comicios pasados, se convierta en opción ante una división del PRD. Moreno ha jugado un rol protagónico en las protestas contra las nuevas cargas impositivas y sometiendo a la justicia a Leonel Fernández y a dos de sus colaboradores.
Si el doctor Moreno sigue trabajando como lo viene haciendo y los líderes del PRD separados y al margen de las inquietudes sociales y económicas, su ascenso político sería inminente. Y es bien asimilado por jóvenes de clase media que están a la vanguardia de las protestas.
El escenario le pinta favorable y puede convertirse en opción electoral. Lo único que le aconsejo es que no acuda a unos comicios con esa JCE, para que no le pase como a Juan Bosch en 1990. Bosch ganó en el 90, pero la junta de entonces declaró ganador a Balaguer.

