NUEVA YORK (Del NY Post)- El hermano pequeño de Ramón Martínez nunca miró esa parte sino que a través del talento, inteligencia y trabajo duro se convirtió en un lanzador del Salón de la Fama. Pedro Martínez recibió la llamada el martes diciéndole que había sido elegido a Cooperstown, completando una odisea de béisbol profesional que comenzó en 1988, cuando fue firmado por los Dodgers a los 16 años de edad en la República Dominicana.
En esa época, era Ramón Martínez, de 6 pies
y 4 pulgadas, ya un prospecto grande con los Dodgers, que había cautivado a los escuchas.
El asesor principal de los Metros, Guy Conti, entonces un entrenador de lanzadores de ligas menores en el sistema de los Dodgers, fue enviado a la República Dominicana porque se había corrido la voz de que el hermano menor de Ramón -generosamente señalado con 5 pies y 11 pulgadas- también podría lanzar.
“Yo llegué allí, y me presentaron a 20 lanzadores y allí no había ningún lanzador de 6 pies, para no decir de 6 pies y 4 como era Ramón”, dijo Conti en una entrevista telefónica. “De repente, cuando Pedro subió a la lomita y comenzó a lanzar la pelota, simplemente explotó. Él simplemente saltó de la página después de eso y, ‘¡Oh Dios mío, este debe ser él’. Y fue la historia a partir de ese punto”.
Pedro Martínez fue firmado por los Dodgers y confiado a Conti, a quien el lanzador apodó su “papi blanco”. Fue bajo la tutela de Conti en el entrenamiento extendido de primavera y luego en Great Falls, Montana, que Martínez aprendió el cambio de velocidad circular que se convirtió en su lanzamiento premier y también comenzó a hablar inglés.
“Pedro, cuando él estaba conmigo, tiraba un cambio de velocidad de tres dedos que Ramón tiraba”, dijo Conti. “Ese era el que su hermano mayor le enseñó. Yo le enseñé el cambio circular, pero él lo perfeccionó. Trabajó en esa cosa y trabajó en ello. Se veía como una bola de Frisbee a 75 u 80 pies”.
“Trabajamos en eso durante tres o cuatro semanas y luego lo teníamos, y cuando lo consiguió le gustó tanto que lo practicaba todo el tiempo”.
Conti también fue instrumental para Martínez aprender un nuevo idioma.
“Pedro, de todos los muchachos que provenían de la República Dominicana, sabía que tenía que aprender inglés tan pronto como pudiera”, dijo Conti.

